lunes, 9 de julio de 2012

Lázaro Rugama Nieves, (1786-1854)

Puerto del Rosario homenajea a su primer alcalde con el rótulo que identifica la plazoleta delantera de la actual Casa Consistorial de la capital de Fuerteventura, un rincón que, además, se decora con el conjunto escultórico de las cabras, obra del escultor Emililano G. Hernández como guiño al origen ancestral del antiguo topónimo.
El primer ayuntamiento se constituyó el 1 de febrero de 1835, asistiendo como secretario el chicharrero Juan Pedro de Alba.
Se trata de Lázaro Rugama Nieves, natural de Puerto de La Cruz de La Orotava, 1786, que ejerció el cargo de primer edil durante los años 1835, 1838, 1842 y 1847-48.
Lázaro llego a la isla a finales del siglo XVIII junto a varios de sus hermanos: Martín, Miguel, Francisco, Ángel y Diego; todos vinculados a funciones recaudatorias del Obispado del que nuestro personaje era administrador subalterno en Fuerteventura, y el propio Miguel que ejerció de capellán.
Por tanto el apellido Rugama recala en nuestra isla procedente de Tenerife, encontrándose en la actualidad practicamente desaparecido. Lo trajo a Canarias Juan Francisco Rugama Castañedo quien casó en aquella isla con doña Isabel de las Nieves Arbelo, de cuyo matrimonio nacieron Lázaro y sus hermanos.
Pero el origen remoto se sitúa en la Villa de Escalante, en Santander, de donde procedía el padre de nuestro personaje, siendo hijo de Francisco Rugama y Caabo y de Juana Castañedo Santelices.
El padre de la saga en Fuerteventura ya andaba por aquí en el XVIII, fijando su residencia en Casillas del Ángel, donde seguramente fue uno de los promotores de la que actualmente conocemos como "Casa de los Rugama",  y junto a otros personajes como Miguel Blas Vázquez, de la propia iglesia parroquial de dicha localidad.

Esdudo de armas de los Rugama en Fuerteventura, lápida en la iglesia de Casillas del Ángel, mandada realizar por el padre de Lázaro, Juan Francisco Rugama Castañedo.

En su memoria, la sacristía de la iglesia parroquial de Santa Ana, en Casillas del Ángel, atesora una de las pocas lápidas funerarias que encontramos en nuestra isla. Se trata del sepulcro de don Juan Francisco Rugama y Castañedo, quien lo adorno con el escudo de armas de su apellido, con la siguiente inscripción:


H I C

Sepulcro de Dn
Juan Franccº de Ru
Gama y Castanedo na
Tural de la Villa de Es
calante: Fallecio a 16
de Enrº de 1802 de 55
años y 14 dias de edad.
Y de Dª Isabel Nieves
de Rugama su muger:
hijos y descendientes
y sucesores

Junto a los cargos vinculados a la recaudación eclesiástica, Lázaro Rugama ejerció otros como apoderado de las casas comerciales de La Orotava, siendo muy activo en cuantas iniciativas sociales planteó la población de Puerto de Cabras, en la que fijó su residencia en una casa, hoy inexistente, al naciente de la que lleva el número 26 de la actual calle León y Castillo. Apoyó activamente la creación de la porimera ermita de la localidad y apostó decididamente por la construcción de una iglesia capaz para convertirse en parroquia.
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jueves, 5 de julio de 2012

Las Salinas del Carmen, ¿1910?


Releyendo a don Felipe Bermúdez en su “Defensor de la isla”, me encuentro con unas notas sobre la historia de Las Salinas del Carmen, en la costa del municipio de La Antigua. Nos dice el autor que aquella industria llegó al Cabildo de Fuerteventura por compra a los herederos de don Manuel Velázquez Cabrera quien, a su vez, había heredado de sus tíos una parte de la misma en 1904; que el promotor del Plebiscito compró al año siguiente el resto de aquella propiedad, empecinado en modificarla y ponerla en explotación, cosa que, al parecer, culminó en 1910.
Y a don Manuel, según el autor citado, se debe el topónimo que, a partir de entonces, bautizó a las salinas de la Hondurilla, cambiando el de Salinas de la Torre por el de Salinas del Carmen, en  honor a la esposa del abogado de Tiscamanita.
Hace unos años visité el Museo de la Sal que, en aquellas salinas abrió el cabildo majorero y, en unos de sus paneles informativos, se nos dice que la industria salinera es obra que hizo don Manuel Velázquez en 1910, dato que no me cuadraba con un mapita de principios del XIX cuya copia me facilitó Maica Román en 1995. Se silenciaban así más de cien años de historia.

Representación de las Salinas de La Torre, 1807 (facilitada por Maica Román)


Esta inexactitud cronológica la pone también de manifiesto don Felipe Bermúdez al desvelar en su obra citada el pleito sobre la propiedad del suelo en que don Francisco Bautista Benítez de Lugo y Saavedra pretendía construir unas salinas en La Hondurilla, pues produjo un litigio con don Juan Fernando del Castillo Olivares, presunto dueño de la tierra, entre 1779 y 1786, año este ultimo en que la Audiencia de Sevilla fallaba desestimando la apelación de quien llamándose dueño pretendía detener la promoción de don Francisco Bautista, que vio así expedito su intento con independencia de la aclaración sobre la propiedad de aquellas tierras.
Resulta curioso que la cuestión planteada en el origen de Las Salinas del Carmen a finales del XVIII, se enrede y evidencie una vez  mas la desintegración de la primigenia dehesa común que orilló toda Fuerteventura y por la que se seguiría peleando dentro de los ayuntamientos contemporáneos por la parte que correspondería administrar a cada uno de ellos desde su creación en la década de 1830.
Y parece lógico pensar también que la construcción de la cercana torre de Caleta de Fustes en la década de 1740 y la consecuente relajación de la piratería, propiciara la tranquila ocupación de la costa oriental de Fuerteventura. Por fin los fugitivos de los volcanes de Timanfaya, muchos de ellos pescadores del cegado puerto de Janubio, en la vecina Lanzarote, comenzaron a asentarse y a desarrollar su actividad con base en Corralejo, Jablito, Puerto Lajas, Puerto de Cabras… La creación de Las Salinas, además de a la  fiscalidad, apuntó posiblemente en esta línea; en todo caso por el eventual desarrollo del sector pesquero, tan necesitado de sal para la conservación de sus capturas.

Las Salinas del Carmen en 2008.