jueves, 19 de diciembre de 2013

El antiguo almacén de tomates de Gran Tarajal y los cabildos

Un espacio ideal ubicado en la calle León y Castillo esquina a calle Sabandeños, acoge la exposición del Centenario de los Cabildos Insulares.
Brillante iniciativa, sobre todo si coincide con el atraque de cruceros en prueba. El espacio que ofrece aquel inmueble es excelente para este tipo de actuaciones y muestras. Pero ¡ay, si las paredes hablaran...! Allí se escucharía el clamor de muchos años de actividad de un sector que dio vida y trabajo durante años a toda la comarca sur de Fuerteventura, por no decir a toda la isla: el tomatero.
En tiempos de zafra la población casi se triplicaba, ocupándose en tareas del sector que iban desde la preparación de las tierras hasta la exportación por el muelle construido en Gran Tarajal a principios de la década de 1920... Y es que hasta las cajas se reparaban en los domicilios para complementar los salarios y las economías familiares.

Mujeres reparando cajas de madera para el tomate, Gran Tarajal, Fuerteventura.

La evocación viene a cuento porque hoy es posible recuperar y, sobre todo, difundir el rico patrimonio etnográfico ligado al sector tomatero, escuchar las voces grabadas de los viejos y de los no tan jóvenes que allí trabajaron: películas y testimonios sonoros de ayer junto a la fotografía darían vida, sin lugar a dudas, a un verdadero espacio de exposiciones en uno de cuyos rincones pudiera alojarse la memoria colectiva de allí y de toda Fuerteventura, como homenaje a quienes, de verdad, apostaron e hicieron posible el puerto de Gran Tarajal, a quienes con su trabajo, escribieron la historia de buena parte del siglo XX en el sur de la isla.
Porque apostar por el Puerto del Sur ya lo hicieron los Velázquez a finales del siglo XIX, con el reparto de la costa, y los siguieron en el empeño los "Caballeros de la Orden del Sur", con Matías López, al despuntar el nuevo siglo, y otros que continuaron en la misma línea, soñando con su muelle.
Por fin un espigón iluminó las expectativas del "puerto frutero". El alumbramiento de aguas subterráneas, la implantación de los molinos de bombeo, el cultivo del tomate y la primera cooperativa agrícola de la isla, hicieron el resto.
Por tanto, exposición homenaje a los Cabildos, sí; pero también compromiso de continuidad en el sentido de brindar a  la localidad la oportunidad de mostrar una actividad que dio vida e identidad a esta comarca sureña.
Sería el mejor homenaje de respeto a los antepasados y a nuestra propia historia económica ya que, además de rezar, también trabajaban. Que no se postergue y olvide como aquel otro epígrafe de la economía insular como fue la piedra de cal, la cal o el yeso... Y de paso ofrecer algo más al visitante y a nuestra gente, grandes y chicos, en sus paseos por la isla.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Mahey, un periódico de la transición en Fuerteventura, 1977-1978

El único periódico de la transición en Fuerteventura: Mahey

Tal era el comentario que destinaba el corresponsal del diario La Provincia, Gerardo Jorge Machín, en su edición del 11 de diciembre de 1977. Había nacido una nueva publicación ocupada en temas estrictamente majoreros y de Fuerteventura.
Vicente Martínez Encinas, Carlos González Cuevas… colaboraron con sendos artículos sobre la situación de la Sanidad en nuestra isla, preludio del argumento esgrimido, al parecer, por quienes presionaron alentando su “cierre”.
La revista apenas duró un mes. En enero de 1978 ya se hablaba del secuestro de la publicación y en agosto del mismo año se pensaba en el relanzamiento a partir del mes de octubre, de la mano del llamado Colectivo Cultural Majorero que se cocía en el entorno de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puerto del Rosario, entonces desempeñada por Antonio Peña Rodríguez.
De aquellos años de transición política viví poco en la isla; estábamos estudiando –como sigue siendo habitual- fuera, en la Universidad de La Laguna, donde pude leer el número 3 de “Mahey”. Y cuando en aquellos años veníamos en temporada de vacaciones, participamos en alguna que otra tertulia que se celebraba en el despacho provisional de Matías González García, en la calle Primero de Mayo, o en la sala del Hotel Valerón, a las que también asistió Francisco Navarro Artíles, y allí pudo tratarse el tema que nos ocupa.
La rumorología, de la que se hacía eco el corresponsal en la edición del 26 de enero de 1978, afirmaba con su natural prudencia que la revista Mahey, cuya edición apoyaba el Partido Socialista Popular, había sido secuestrada en base a unos artículos que no hacían más que exponer la realidad de la situación sanitaria en Fuerteventura, comentando unos hechos más que probados, concluía.
Dada la periodicidad anunciada, sabemos que se editaron los números 0 y 1 en diciembre de 1977, mientras que el 2 y el 3 salieron en enero del año siguiente, quedando ciclostil el número 4, que no llegó a lanzarse. En agosto de 1978 era un hecho su desaparición pues en la prensa se hablaba del posible relanzamiento de Mahey a partir de octubre.
A los testigos y artífices de aquella aventura periodística, entre los que se encuentran Tero Brito, Juan Manuel Castañeyra, Esteban Morales, Marcial Morales, Juan Cerdeña, Carmen Pérez, Tony Calero… me cabe pedirles disculpas por estos comentarios surgidos desde la distancia y el romanticismo de una época y más que nada con vocación de recordar la existencia de un periódico valiente, quizás el único surgido en Fuerteventura durante la Transición Política, en tiempos en que cuajaba la formación de nuevos partidos políticos insulares…

Imagen de portada del número 0 de Mahey, diciembre de 1977, facilitada por Juan Cerdeña.

Considero que la existencia de esta revista, como la de otros periódicos casi desconocidos para el gran público como el Maxorata del Frente de Juventudes en la década de 1950, o La Voz Majorera en la década de 1920, debieran incluirse en archivos de prensa digital como JABLE, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y tal fue el empeño de la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario, al facilitar al archivo de prensa digital de la universidad citada, parte de sus fondos hemerográficos para difundirlos en abierto a través de Internet.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Mini crisis sanitaria en Puerto de Cabras, 1906

O el cabreo de la autoridad militar por el bloqueo civil al atraque del Viera y Clavijo alegando supuesta enfermedad en procedencia.

Los hechos de este curioso incidente se produjeron en diciembre de 1906, apenas ocho meses después de haber pisado nuestro muelle el Rey de España,  Alfonso XIII. Guarnecía la plaza el Batallón Cazadores de Fuerteventura número 22, implantado aquí dos años antes y uno de cuyos jefes se arrogó funciones gubernativas que, en todo caso competían al Delegado y, en su defecto, al alcalde. Dispersas en la prensa de la época nos topamos con este asunto en el que fue puenteado el propio superior militar, Santiago Cullen Verdugo.

Entonces Canarias era una sola provincia, con capital en Santa Cruz de Tenerife, donde residía el Gobernador Civil, existiendo un subdelegado de Gobierno para las islas orientales… La duda se la planteaba el propio alcalde de Puerto de Cabras al tomar decisiones gubernativas que si bien correspondían al Delegado, la premura de los acontecimientos exigía que las tomase él, máxime cuando la cabecera del partido judicial se encontraba en Arrecife de Lanzarote, al otro lado de La Bocaina.

La situación en Puerto de Cabras era de alarma por la enfermedad contagiosa existente en Santa Cruz de Tenerife, o eso creían  las autoridades locales: la Junta Municipal de Sanidad decidió cerrar el Puerto a cuantos buques llegaran de aquella procedencia, y así lo comunicaron al Delegado Especial de Gobierno en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura el día de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre.
Dicho Delegado intentó pacificar los ánimos, pero el Alcalde de la localidad, José Castañeyra, si bien logró serenar a la Junta Municipal, no sabiendo si podría contener los exaltados ánimos del pueblo que pedía que el Viera y Clavijo fuera primero a Gran Canaria, decidió alertar el día 13 a dicho delegado especial de Gobierno, partipándole lo sucedido:
“Al ver en el muelle, a la llegada del vapor correo, a la Guardia Civil armada, me acerqué (nos contaba el alcalde) al cabo del puesto y le pregunté que qué autoridad le había reclamado y me contestó: una autoridad. A lo que no añadí una palabra más. Desde el día anterior a la llegada del correo, me manifestó dicho Teniente Coronel [Peñuelas Calvo] que formaría la tropa y sobre todo había de saltar su hijo que presumía estuviera a bordo y según tengo entendido fue dicho señor Teniente Coronel el que dio orden a la Guardia Civil para tomar las armas. Como creo que el Alcalde en pueblos donde no haya superior jerárquico es la autoridad gubernativa, creía tener derecho de saber por qué eran esos alardes de fuerza en la vía pública sin creer que esto fuera insulto a la fuerza armada.”

El día 23 de diciembre el alcalde de Puerto de Cabras volvía a pedir al Delegado Especial de Gobierno en las islas orientales que remitiese en el vapor Gavilán desinfectantes y una estufa de desinfección para garantizar la sanidad pública y la tranquilidad de los ánimos de la isla.
Ante las exigencias del Gobernador Civil sobre la obligación de recoger el correo, el alcalde le contestaba que aquí no se negaron a recoger la correspondencia del Viera y Clavijo; que fue su capitán quien se negó a entregarla si no se le admitía “a libre plática”. Luego envió esa alcaldía a bordo del correillo al médico titular, obteniendo la misma negativa, continuando el buque para Lanzarote.
A la vuelta de Arrecife, el Viera y Clavijo fondeaba en la bahía de Puerto de Cabras, donde echó un bote que se acercó al muelle con el sobrecargo que traía órdenes de no entregar la correspondencia que reclamaban.
El alcalde de Puerto de Cabras se atrevió a exigir al Gobernador Civil que hilase fino y exigiera a todos los buques que zarparan de Santa Cruz para Puerto de Cabras, fueran despachados directamente a este Puerto para que una vez desinfectados, hicieran las otras escalas en Fuerteventura. Y es que lo habitual era que los patrones y capitanes que venían a nuestra isla saltaran en cualquier playa, estuviesen o no habitadas, dando así trabajo a carreteros y camelleros.
El día 27 de diciembre se produce una nueva vuelta de tuerca, agravándose la situación al romper Puerto de Cabras las comunicaciones con Casillas del Ángel y con Tetir durante dos días. A La Oliva, que reclamaba desinfectantes, se le contestó negativamente por las autoridades del Puerto.
En el fondo de la cuestión bullía la certeza de que en Tetir tuvo que ser reconocida una pasajera procedente de Santa Cruz de Tenerife, hacia cuya Vega fue el médico titular del muncipio de Puerto de Cabras, Domingo Hernández González, que desinfectó sus bienes.



Una actitud que en las circunstancias sanitarias que se vivían y según la prensa de la época, pudo haber provocado un motín en el muelle de Puerto de Cabras aquel diciembre de 1906. La dotación de desinfectantes, los contrastes médicos y la serenidad resolvieron un conflicto que se diluyó sin mayores consecuencias…

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Calle León y Castillo, Puerto de Cabras, 1895

Luce la placa más antigua de Puerto del Rosario.

Un  rótulo que data de 1895, casi un año después de la inauguración del muelle municipal de Puerto de Cabras, con el que se le homenajeaba agradeciéndole la intercesión mostrada en la consecución de dicha infraestructura.
Conviene saber que hasta ese año la calle se denominaba calle Principal o calle Real y es la más antigua de la localidad, al ser el extremo del viejo camino que unía el embarcadero con la cabecera parroquial y municipal de Tetir, del que se independizó el municipio de Puerto de Cabras en 1835.


Rótulo de la calle León y Castillo, Puerto del Rosario, en la actualidad. [Foto aportación de Paco Cerdeña]

La formalización de este cambio en el callejero de la ciudad la llevó a cabo el Ayuntamiento Pleno en sesión de 28 de julio de 1895, donde se acordó por unanimidad poner el nombre de Don Fernando de León y Castillo a la Calle Principal, remitiéndole copia certificada como testimonio de gratitud:
            “...Habiendo dado en distintas ocasiones el Excmo. Sr. Don Fernando de León y Castillo pruebas de su interés por el bien estar y fomento de este pueblo, como a todos consta, era acreedor a que se le demostrara la gratitud del vecindario. Nadie ha podido olvidar, dijo el Sr. Presidente [habla Ramón Fernández Castañeyra], el empeño con que este ilustre patricio atendió nuestras peticiones cuando los dolorosos efectos de una calamidad terrible pesaba sobre Fuerteventura; nadie tampoco ha podido olvidar la creación, a él debida, de una Dirección de Sanidad Marítima que más tarde nos arrebató el afán de economías; grabado en la memoria de todos se halla el recuerdo de la subvención obtenida por su mediación para las obras del muelle, y cifra una de nuestras más lisonjeras esperanzas el favorable éxito que cuando las circunstancias la permitan obtendrán sus gestiones para el establecimiento del telégrafo, asunto que ya está muy adelantado, la erección de una parroquia y subasta de la carretera. Aparte de esto, hay otras cosas de utilidad general que apoyan con decidido interés, y nada más justo que corresponder en la débil medida de nuestras fuerzas a tanta distinción y a tantos servicios. Propone, pues, la presidencia, que para que en todos tiempos se recuerden los favores del Excmo. Señor Don Fernando de León y Castillo se ponga su nombre a la calle Principal de esta población como humilde testimonio de agradecimiento.”
Así lo aprobó la corporación de forma unánime.
Pero la calle, como suele ocurrir en todos los pueblos cabecera de distrito municipal, tuvo, siquiera en papel o en intención, otros nombres.
Así vemos cómo, mucho más tarde, durante la II República, el Ayuntamiento acordaba cambiar aquel nombre en sesión del 20 de enero de 1933 por el de Indalecio Prieto, en atención y agradecimiento de este vecindario por la concesión del Puerto (léase muelle comercial) y depósito de aguas. Desconocemos si este acuerdo se ejecutó en algún momento, pues fueron más las ocasiones en que declarativamente se acordó cambiarle el nombre, no trascendiendo a la documentación otros que no fueran Principal, hasta 1895, y León y Castillo, después de dicho año, para referirse a este vial de nuestra ciudad.

El muelle chico, junto a la casa número 1 de la calle León y Castillo, Puerto del Rosario. [Del libro Puerto de Cabras. Puerto del Rosario, una ciudad joven]

Sea como fuere, allí sigue el viejo rótulo con placa de mármol enmarcada en madera, clavado en la pared del edificio número uno de la calle, haciendo esquina con la de Teofilo Martínez de Escobar, en la “Explanada”, mirando la evocadora fuente, tal y como 118 años antes lo hizo por primera vez, entre voladores y adoquines, frente al muelle municipal, bañado en el salitre de la maresía.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Tetir y su Cofradía de Ánimas, 1779-1800

Los primeros momentos de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

En la Fuerteventura del siglo XVIII asistimos al desmembramiento de los dos Beneficios de Betancuria, detentados por la Villa capital desde 1533. Primero fue el obispo Juan Ruiz Simón quien planteó a Felipe V la conveniencia de erigir nuevas parroquias en la isla, logrando que por Real Cédula de 12 de marzo de 1708 se crearan dos parroquias sufragáneas en Pájara y La Oliva. Tres años más tarde, en 1711, fueron consagradas como tales ayudas de parroquia las iglesias de aquellos lugares. En 1764 serían los vecinos de Tetir quienes gestionaran ante el Obispado la erección de un curato en su pueblo.
El visitador episcopal Miguel Camacho se encargó de practicar en Fuerteventura los informes previos correspondientes; en ellos se recogían testimonios de muy diversa índole, pero abundantes en las largas distancias que moribundos y recién nacidos habían de soportar para recibir los Santos Sacramentos en Betancuria. Algunos, como Rafael Jorges redundarían en que el nuevo curato podría asistir a los pagos de Casillas, El Time y La Matilla.
A la par que estas gestiones se amplió la ermita de Tetir, aumentándola por su cabecera con un amplio presbiterio o capilla mayor y, más tarde, a finales del siglo XIX, por los pies, con la construcción de la torre fachada que hoy vemos, en paralelo languideció la antiquísima ermita de San Andrés, al otro lado de la montaña de su nombre.

Torre fachada de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, Tetir, 1885. [foto aportada por Paco Cerdeña]

Pese a todo, fue en 1773 cuando el Síndico Personero General, Bernardo Alonso Rodríguez y otros otorgan ante el escribano Nicolás Antonio Campos, concretamente el 2 de junio, escritura de petición y dotación de una ayuda de parroquia en la ermita de Tetir, “…obligándose a mantener los ornatos necesarios, a construir una casa junto a la iglesia para alojamiento del párroco, y asimismo a contribuir con 50 pesos anuales, yunta y peón en tiempo de sementera…”. Efectivamente es a partir de esas fechas cuando se agilizaría el tema, hasta concluir con el Decreto de erección emitido por el obispo Juan Bautista Servera el día 21 de abril de 1777.
Asistiría este curato a los pagos de El Time, Guisguey y Casillas del Ángel, aunque con las reestructuraciones parroquiales de 1787 y 1792, (ésta última llevada a cabo por el obispo don Antonio Tavira y Almazán en su visita a la isla), se pusieron definitivamente bajo la jurisdicción de Tetir los pagos de Guisguey, El Time y La Matilla, mientras Casillas del Ángel se convertiría en parroquia. Andando el tiempo la jurisdicción de Tetir se incrementaría con los caseríos de La Asomada, Los Estancos y Puerto de Cabras, que hasta entonces mantuvieron una escasa entidad como tales.
Y es a partir de la erección de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán cuando encontramos noticia de tres cofradías o hermandades allí fundadas: la del Santísimo Sacramento, la de las Ánimas y la del Rosario, cuyos símbolos y altares nos encontramos hoy en el propio retablo mayor, en el colosal cuadro de Ánimas y en el de Nuestra Señora del Rosario.
Se trataba de hermandades de legos dirigidas por un sacerdote o miembro del clero secular, conforme se recoge en sus propias constituciones, siendo autorizadas por el Ordinario para ayudar al clero en las tareas del culto. Con sus opas y túnicas de colores, sus medallas y hachas, asistieron a las festividades de sus respectivas advocaciones organizando las procesiones y demás aspectos externos del culto en el día de Santo Domingo de Guzmán.
Su lugar de reunión fue la propia sacristía de la iglesia y allí, por voto secreto, veían las solicitudes escritas de nuevos ingresos de cofrades.

La Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio.
Aunque no se deja constancia de la fecha de su fundación, sí sabemos que llevaba su propio libro de fábrica o de cuentas, desde al menos 1781, constando un nombramiento de mayordomo en la persona de Juan Álvarez Vallejo, expedido por Fray Joaquín de Herrera en 20 de noviembre de 1779.
Al tratarse de cuentas de fábrica, no sabemos nada acerca de sus fundadores y reparto de cargos: sólo el de mayordomo de cuentas, que recayó sucesivamente en las personas de Juan Álvarez Vallejo (1779-1782), Esteban Álvarez Vallejo (1782-1787), Antonio Eusebio de Quintana (1787-1791) e Ignacio Quintero (1791-1800).

Vista parcial del Cuadro de Ánimas de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, Tetir, compuesto por Juan Bautista Hernández Bolaños. [Foto aportada por Paco Cerdeña]

De su contabilidad se desprenden una serie de ingresos entre los que figuran, además de las limosnas, las rentas procedentes del alquiler de ataúd y paño de ánimas; significativa labor que debió desarrollar la hermandad si contemplamos que durante algún tiempo, los cadáveres debían ser llevados en un largo camino hasta la Villa de Betancuria para recibir sepultura en tierra santa; luego, terminado el templo de Santo Domingo, los enterramientos se hacían allí, desoyendo la Real Cédula de Carlos III que aconsejaba realizarlos en edificios exentos, los cementerios. En la Vega de Tetir esto fue así hasta la década de 1840 en que construyeron el camposanto.
En cuanto a los gastos de la cofradía están los de mantenimiento de altar y pago a los cantadores que salían con el rancho en las noches de Navidad y Finados, así como a los gañanes contratados para las sementeras que se hacían de medias en tierras de algún vecino.
Entre sus bienes se relacionan la casa de Ánimas (razón del topónimo que aún se conserva en la Vega), paño, ataúd y altar.
De la Cofradía de Ánimas del curato de Tetir, además de su libro de cuentas o de fábrica, nos llega el gigantesco cuadro que hoy contemplamos en la pared de la epístola, el cual fue ejecutado por Juan Bautista Hernández Bolaños entre 1792 y 1800, conforme acredita el mayordomo Ignacio Quintero en su partida número 17 del descargo dado el 30 de mayo de 1800 y en cuya pintura se representó el infierno en la base, con tonalidades más oscuras que el resto, con una composición distinta a los otros cuadros de ánimas de la isla.
En cuanto al emplazamiento de su altar de esta Cofradía sólo tenemos una referencia en los mandatos verbales que en 18 de julio de 1792, dictó el Obispo Tavira durante su visita a la isla: “6º, se colocarán los altares colaterales más inmediatos al altar mayor, y en el de Ánimas se colocará, en una urna, la imagen de San Andrés…” (Dato que certifica que en ese año ya estaba destruida la ermita del Valle de la Sargenta).


[De mi artículo publicado en el semanario La Voz de Fuerteventura, 1987-1988]

martes, 5 de noviembre de 2013

La Calle Comandante Díaz Trayter

Parte de la Calle Nueva de Puerto de Cabras cambió su nombre en 1943.
El cambio recuerda a don Santiago Díaz Trayter, y lo aprobó el ayuntamiento en el 5º aniversario de su muerte.

Y es que la Calle Nueva, abierta sobre los desaparecidos acantilados, se adentraba en demanda del Charco, donde el Mando Económico de Canarias construía la barriada militar con un acuartelamiento, viviendas para oficiales y suboficiales, residencias, escuela y dos plazas, demandando su propio nombre... Y así lo propuso uno de los jefes de la guarnición.
Con lenguaje propio de la época que tratamos, la documentación oficial dice así:
“...Correspondiendo gustosa la Corporación a la laudable y patriótica iniciativa del Sr. Teniente Coronel Jefe del Batallón de Infantería Independiente número 32, de guarnición en esta plaza, expuesta en su atento escrito núm 751 de fecha 2 del  actual, de que se de el nombre de “Avenida del Comandante Díaz Trayter” a la prolongación de la “Calle Nueva”, en memoria del Comandante de Infantería don Santiago Díaz Trayter, cuyo ilustre finado dio gloriosamente su vida por Dios y por la Patria en la pasada Guerra de Liberación, este ayuntamiento asociándose a tan justo homenaje en memoria del heroico militar, de íntimo recuerdo como hijo de esta tierra, ya que convivió en ella desde el comienzo de su carrera, creando su hogar y familia y contribuyendo al mejoramiento de los intereses públicos de Fuerteventura al frente de la Comandancia Militar de esta isla y la Delegación del Gobierno de S.M., cuya autoridad militar y civil ejerció por los años de 1925 a 1926 en el empleo de teniente y capitán después, poniendo de relieve en su laboriosa gestión militar y gubernativa todo su amor y cariño a este pueblo, acuerda por unanimidad, aprobando la propuesta del Teniente Coronel Jefe del expresado Batallón, de dar el nombre a la prolongación de la calle Nueva al glorioso militar, denominándose “Avenida del Comandante Díaz Trayter.-. Que para el descubrimiento de la placa rotuladora que lleva la calle, con la solemnidad que el acto requiere, y al que asistirá la representación oficial de este Ayuntamiento, queda su organización a la acertada iniciativa del referido Teniente Coronel.”

Entre los apuntes de la hoja de servicios militares  y de las necrológicas de la época se contaban algunos de los pocos datos que hemos podido añadir a la reseña biográfica de este personaje del callejero de Puerto del Rosario:
Correspondió a don Santiago Díaz Trayter acudir al Gobierno Militar de Las Palmas el 18 de julio de 1936 para recibir el bando que declaraba el estado de guerra; entonces tenía el grado de capitán y como tal se le encargó también participar en reprimir la oposición al golpe militar en distintos núcleos de la isla de La Palma ("Semana Roja de La Palma").
Y desde aquí, a la Península, se desplazó voluntario con dos de sus hijos (!), yendo él con destino al sexto Tabor de Regulares de Ceuta, del que llegó a ser comandante jefe. Se adentró por la provincia de Málaga con destino a la capital andaluza y en esta campaña cayó herido de muerte, falleciendo el día 4 de febrero de 1938 en el hospital de Granada...

Entre sus funciones civiles, a él correspondió ejercer el cargo de Delegado del Gobierno en Fuerteventura a mediados de la Dictadura de Primo de Rivera, entre 1925 y 1926, cargo que por entonces recaía en los jefes militares que comandaban las fuerzas de guarnición en Puerto de Cabras. Y en esos años se produjeron los reajustes municipales derivados del Estatuto de 1924, con las agregaciones de Tetir y Casillas del Ángel a la capital insular.
La foto, de la década de 1960, recoge las calles Comandante Díaz Trayter y Almirante Lallemand, adentrándose en el ya populoso Barrio de El Charco, paralelas 2ª y 1ª a la orilla del  mar.

La decisión municipal de aceptar lo que se le proponía se enmarcaba en el proceso de urbanización de  la zona de El Charco, a raíz de la construcción de la barriada militar, el colegio Primo de Rivera, las residencias militares y, sobre todo, los cuarteles, de cuya puesta en marcha nos hablaban las páginas de “El Majorero”, luego “Herbaria”, aquel fugaz semanario que nació y murió en 1944.
Por entonces se explanó la prolongación de la calle nueva y el camino -ya calle- de servicio que había surgido a raíz de la construcción del muelle comercial en la década de 1930; se expropiaron casas de pescadores que se reubicaron en Las Lojas y se trasladaron los hornos que "estorbaban" la ordenación de la zona hacia Punta Gavioto.

Había que rotular estos dos nuevos muñones de calle que se abrían hacia el hoy populoso barrio de El Charco, y la propuesta del Teniente Coronel para el que pasaba delante del Cuartel parecía ideal y así lo acordó el ayuntamiento. Sin embargo, por algún tiempo se continuaría llamando calle del Charco a la que corría paralela entre la del Comandante Díaz Trayter y el mar.

lunes, 7 de octubre de 2013

Inauguración del cuartel de la Guardia Civil en Puerto del Rosario, 1960

Sesenta y un años después de la puesta en funcionamiento del Puesto de la Guardia Civil de Puerto de Cabras, el 23 de enero de 1899, se inauguró su propia casa cuartel en julio de 1960.
Hasta entonces el edificio que ocupó esta fuerza en la ciudad fue costeado por el propio Ayuntamiento que alquiló una casa en la calle de La Marina, hoy García Hernández, frente al primitivo cuartel militar, hoy desaparecido, para cederla al benemérito Cuerpo.
Aprobado el proyecto, el presupuesto de las obras de la Casa Cuartel ascendía a 1.344.256,12 pesetas y se anunció la subasta de las mismas en el Boletín del día 5 de agosto de 1957. El solar elegido para su ubicación estaba en la zona que antaño se denominó “El tablero”.
A mediodía del 26 de julio de 1960 llegaba al aeropuerto de Los Estancos el gobernador civil de la provincia y Jefe Provincial del Movimiento, don Antonio Avendaño Porrúa, siendo recibido, entre otras autoridades, por el delegado insular del gobierno, don Manuel Priego Gabarrón; el comandante militar de la isla, teniente coronel Morillo; el presidente del Cabildo Insular, Guillermo Sánchez Velázquez, y el alcalde de Puerto del Rosario y procurador en cortes, José Marrero González.
La comitiva se dirigió a la Delegación Insular de Gobierno y, desde allí, al Cuartel recién terminado y que aún vemos rodeado de ampliaciones en la calle Indalecio Prieto esquina a calle San Roque, al objeto de inaugurarlo.

El Gobernador Civil, Avendaño Porrúa, a su llegada al aeropuerto de Los Estancos. [Recorte de prensa de la época]

En su crónica para el diario Falange, correspondiente al 27 de julio, nos cuenta Juan José Felipe Lima que “…las fuerzas de la Benemérita destacadas en Puerto del Rosario que formaban ante el edificio, fueron revistadas por el gobernador civil, Avendaño Porrúa y el gobernador militar, general León Villaverde. Acto seguido, el párroco, Juan Marrero Hernández  procedió a la bendición de la Casa-Cuartel y de la bandera que regalaba el ayuntamiento de Puerto del Rosario a la Guardia Civil. Luego de una oración por los caídos del Cuerpo, se hizo entrega al teniente coronel-jefe de la Benemérita de dicha bandera en nombre del pueblo de Puerto del Rosario”.

La Casa Cuartel en la actualidad. [recorte de prensa]

Para conocer más sobre los primeros tiempos de la Guardia Civil en Fuerteventura: Artemi García Robayna, De correrías por las Canarias Orientales. Crónica del periodo uniprovincial (1898-1927). Las Palmas de Gran Canaria, autoedición, 2008.

martes, 1 de octubre de 2013

En la festividad de Nuestra Señora del Rosario, 1958

La festividad del Rosario y su historia, según Juan José Felipe Lima

Este que reproducimos, después de los acercamientos de Ramón Fernández Castañeyra, constituye otro de los textos sobre la historia del municipio que debemos tener en cuenta; sobre todo porque es un secretario municipal, en su papel de cronista y corresponsal del diario Falange, quien nos la ofrece en el año 1958 [igual que Cándido Sánchez, otro secretario que cien años antes, había hecho una memoria del pueblo a través de las vicisitudes de su templo].
Claro que, por ejemplo, atribuye al primer párroco el empeño por la parroquia, cuestión que, desde nuestra perspectiva actual y a la vista de la documentación consultada, no fue así: la parroquia fue aspirada y por ella se luchó desde los primeros acuerdos corporativos de 1835, y aún antes, desde la licencia que obtuvieron los de Puerto de Cabras para erigir ermita dependiente de la matriz de Tetir, a la que entonces pertenecían. Lo que de verdad sigue sorprendiendo es el papel de este teólogo y filósofo krausista en Fuerteventura, junto a otros repatriados de las últimas colonias españolas en Hispanoamérica… Y nada dice de las obras de la iglesia, aunque aporta otro dato esclarecedor sobre la historia de nuestro templo, al comentar que el local que se habilitó como capilla aún estaba en pie en la calle García Hernández y –digo más-, a día de hoy, octubre de 2013, aún está en pie dicho local. Cuestiones a valorar y ponderar rastreando los especiales dedicados a nuestra festividad en la prensa y el pregón de Inmaculada de Armas, que aporta algún dato sobre solares limítrofes a la primera ermita del puerto en la calle de La Marina.
Demos pues la palabra al Cronista de antaño, aquel a quien dedicáramos una semblanza biográfica con motivo de la Feria del Libro de Fuerteventura en 2009, vale la pena escucharle:

Procesión sobre el empedrado de la calle León y Castillo en la década de 1950. [La foto pertenece al bloc "Etnografía de Fuerteventura", dirigido por Roberto Hernández Bautista].

 “Una mirada a la iglesia de Puerto del Rosario y otra a los datos estadísticos que pregonan la existencia de más de tres mil almas, me llevan de la mano a recordar detalles: porque el templo resulta manifiestamente insuficiente.
“Puerto del Rosario es un pueblo joven. Administrativamente se incorporó a la historia en el año 1835. Recordamos haber leído viejas crónicas que nos hablan de agrias disputas entre el Alcalde Mayor, que entonces radicaba en Antigua, y el Delgado Gubernativo. Hubo dimes y diretes a propósito del nombramiento del primer regidor municipal del nuevo pueblo y, después de una reñida disputa, el Gobernador Civil de la Provincia de Canarias, ante el Secretario, don Mariano Cadenas y Castro, decretó el nombramiento para alcalde real, a favor de Lázaro Rugama. Ante esto, cesó el debate de política localista y, en uno de febrero del mismo 1835 quedó constituido, por vez primera el ayuntamiento de lo que entonces se llamaba Puerto de Cabras, con la denominación de “Puerto principal”.
Poco, en realidad, se exigía entonces para convertir en municipio a un pueblo. Y es posible que tuvieran razón, pero hoy, en que el Gobierno se muestra mucho más exigente [No digamos en la etapa actual, donde se aspira a disolver las entidades locales que no lleguen a cierto número de habitantes], no nos parece así, porque, para que un pueblo aspire a la mayoría de edad que da el administrarse por sí sólo, lo menos que puede pedirse es que cuente con elementos, no ya de riqueza y población –que el Puerto entonces no tenía ni remotamente-, sino también de orden espiritual. Y hemos de recordar que, hasta muchos años más tarde no hubo ni una pobre ermita. Sin embargo, dieron en el clavo los promotores de aquella campaña, porque el tiempo, las personas y las circunstancias, han permitido el resto. Y así nació el nuevo pueblo que, de modesto barrio de Tetir, pasó a convertirse, a partir de 1912, en capitalidad de la isla. Pero… vayamos con calma.
Estábamos en 1835. El flamante ayuntamiento había quedado constituido y da gusto ver el primer padrón de vecinos. Mi compañero de entonces, Juan Pedro de Alba [natural de Santa Cruz de Tenerife, fue primer secretario y ejerció también de maestro de escuela], fiel de fechos (o secretario de la corporación), era hombre de recursos y “fiel” a ellos, consiguió elaborar un voluminoso “Padrón vecinal” con poco más de cien vecinos. Daría algo por conocer el nervio de los ciudadanos que entonces tenía nuestro pueblo que, apenas independizado, acometió la imponente tarea de elaborar su plano de urbanización, con tanta ambición y fe en el futuro que las sucesivas generaciones no han podido tener nada que objetar, ni a la anchura de sus calles ni a su genial distribución. Cualquiera que llegue a Puerto del Rosario podrá percatarse fácilmente –es decir, se percatará aunque no quiera- de que sus calles tienen una distribución y anchura que muchas capitales de provincia quisieran para sí.
Y el Puerto comenzó entonces a luchar contra todo y contra todos. Sin población, casi. Sin riqueza radicante –porque sus límites no rebasaban Los Estancos, Rosa Vila, Puerto Lajas o la desembocadura del Barranco de Río Cabras-, inició su vida de florecimiento y miró hacia el puerto. La bahía se abría espléndida y soberbia; pero no había muelle. Estábamos en los albores del año 90 [1890]. Aquí vuelve a aparecer el nervio isleño, duro y vibrante. Se abrió una suscripción. El Ayuntamiento la encabezaba. Las prestaciones personales se ofrecieron generosamente y, seis años más tarde [en realidad cuatro años, pues el muelle se inauguraba el día 7 de octubre de 1894], estaba concluido el espigón que, arrancando de la Plaza de Domingo J. Manrique, presenciamos hoy, -no sin pesar-, cómo va entregándose al mar piedra a piedra [cada vez que había temporal del sur, las olas arrancaban piedra a piedra las ilusiones de antaño]. Y, entonces el puerto se incorporó a la vida interinsular de manera pujante. Lentamente, sin prisas, pero sin pausa, fue absorbiendo, al socaire de su privilegiada situación marinera, las operaciones del cabotaje. Vinieron los “africanos” y vinieron los “playeros” y, año a año, consiguió centralizar, en lo que también es centro geográfico de Fuerteventura, el movimiento portuario. Matas Blancas, Tarajalejo, Pozo Negro y La Guirra, bien conocen la historia de esta lucha honesta, pero cruda. La Barrilla dio paso a la cochinilla y de Antigua se trasladó a Tiscamanita el centro comercial de la isla. La piedra de cal pasó a dejar de embarcarse por Tostón (El Cotillo) y por el Puerto de la Peña, por el Poniente, o por Matas Blancas, del sur, porque el “puerto” ofrecía mayor abrigo y mejores condiciones y el pequeño muelle recibe al nuevo siglo pletórico de ilusión y de alegría. Ya el pueblo había dado satisfacción a sus aspiraciones materiales. Ahora quedaba volver ala vista hacia las exigencias espirituales.
Desde que el Puerto fue puerto, o lo que es lo mismo, desde que aquellos dos marinos –un inglés [Don Diego Miller] y otro español [posiblemente el comerciante Álvarez Rixo]- dijeron que era el lugar ideal para establecer el centro marinero de Fuerteventura, sus habitantes vivieron bajo la advocación de la Virgen del Rosario. Y primero en una pequeña habitación de una casa de vecindad [morada de Teresa López, "La Española"], más tarde en un almacén –que todavía se conserva en la calle García Hernández- y luego en la ermita, que después se convirtió en iglesia parroquial; cada noche se congregaban los vecinos a rezar el Santo Rosario. Pero ya a finales de siglo, si no párroco propio, cuando menos sí se contaba con la presencia frecuente y edificante del sacerdote [y desde 1894 con libros sacramentales propios]. El culto don Teófilo Martínez de Escobar, sobre 1905, arribó por nuestras costas, asentó sus reales en el Puerto y se encariñó profundamente de todo lo nuestro. El momento resultaba propicio. La gente del pueblo había vencido ya en su lucha a favor del pequeño muelle, con un desembolso –que ahora nos asombra- de unas setenta mil pesetas y sus inquietudes se dirigían hacia la ermita. Querían una parroquia y querían una imagen. No había que preguntar. La Virgen del Rosario sería la que presidiese su vida toda. Y don Teófilo lo hizo. Creó la parroquia y adquirió la imagen que habría de sustituir a la “virgen pequeña” que, hasta muchos años más tarde, gozó de la devoción especial de bastantes feligreses.
Relato pasajes históricos, acercándome a ellos, más que en la fidelidad cronológica a la tradicional, aunque, sin apartarme de la primera; porque son valores humanos los que interesan esencialmente. Y así llega el año 1926. Casillas del Ángel y Tetir habían ido declinando a favor del joven pueblo del Puerto [con acritud uno, más dócil el otro]. Las cargas financieras podían más que las posibilidades del vecindario. Sobrevinieron deudas que no podían pagarse. Eran también, tiempos de una política incierta: política de campanario, la llamaban. Y llegó lo que tenía que llegar. Puerto de Cabras era un pueblo joven, vigoroso y lleno de ambición. Aquellos núcleos habían caído en la pobreza y las luchas intestinales y, cuando menos se esperaban, una reacción lúcida de los dirigentes elaboró y llevó a cabo la fusión, y la Dictadura, al llegar, encontró que el número de municipios en Fuerteventura se había reducido a seis.
Y aquí pasamos rápidamente y sin detenernos –ya decíamos que se trataba de retazos de la historia de Puerto del Rosario-, un montón de páginas, para encontrarnos en febrero de 1956. La vocación mariana del pueblo se pone de manifiesto y el ayuntamiento, recogiendo la secular aspiración del vecindario, propone y obtiene que el anterior nombre sea sustituido por el de Puerto del Rosario, con que hoy nos recibe, siempre llena de honestas ambiciones y esperanzas, la capital de Fuerteventura.”

martes, 17 de septiembre de 2013

la Fonda de José Galán Sánchez en Puerto de Cabras, 1884

Casado con doña Benigna Pérez Alonso, José Galán Sánchez es uno de los "residentes" del antiguo cementerio de Puerto de Cabras donde, por morirse, le enterraron a la edad de 48 años. En vida ejerció diferentes ocupaciones, desde vendedor de aguardientes al por menor hasta concejal, secretario y recaudador, además de su ocupación hostelera, que ejercía junto a su mujer en la calle del Puente, esquina al barranco del Pilón.

Antigua fonda de José Galán y Benigna Pérez, luego hostal "La tinerfeña", en la calle Ruiz de Alda, Puerto del Rosario.

Situémenos. Al año siguiente de registrarse en Puerto de Cabras la caída demográfica de 1883, consecuencia de la crisis de la cochinilla, llegaban a la localidad dos ilustres viajeros: Mr. Harris Stone y su esposa Olivia M. Stone; ésta última con inquietudes literarias. De la situación que vió y de la que le contaron dejó constancia en su obra "Teneriffe and its six satellites or The Canary Islands Past and Present". Usaremos la traducción de lo tocante a nuestra isla, realizada por Marcos Hormiga Santana: "Fuerteventura: 1884 por Olivia M. Stone" y publicada por el Cabildo Insular en 1995..
Aunque aquellos turistas ingleses del siglo XIX desembarcaron en Corralejo para emprender su periplo a joroba de camello, nos interesa su estancia en Puerto de Cabras, al que describe como "pueblito construido en la parte más empinada de la orilla, y tan inclinadas son sus calles, que apenas hay una casa que no tenga vista al mar..."
Cuando esto anotó doña Olivia, aún no tenía Puerto de Cabras su muelle, que construirían los propios vecinos diez años después de aquella visita. Por eso nos habla la inglesa de almacenes y casas en torno a la playa del embarcadero, donde gustaba escorarse en los barquillos para ver la llegada del correo; casas que se alineaban a los tres caminos que sirvieron de ejes embrionarios de la futura ciudad.
En este entorno estaba el inmueble que compró José Galán Sánchez en 1881 para convertirlo en fonda y despacho cuando, además, ejercía de recaudador municipal. Allí, en aquel edificio de la calle del Puente, junto a su esposa, ejerció también de hostelero, donde años después veríamos "La tinerfeña", otra casa de huéspedes que reabrió Francisco de Vera Manrique y donde, por ejemplo, se agasajó al primer gobernador civil de la provincia de Las Palmas, en 1928.
Pero volvamos al inmueble que nos ocupa para describirlo en palabras de Olivia M.Stone, según la traducción citada:
"Nuestra fonda es una casa pequeña y curiosa, con una forma rara. La puerta de la calle da directamente a un patio pequeño. A la izquieda, donde comemos, hay una habitación sin ventana. Parte de ella es una tienda y está separada por un tabique. A la derecha una pared alta separa el patio y la calle, pues la casa hace esquina. Fuera del patio se alza una escalera que termina en un pequeño balcón de madera al que dan dos habitaciones. Una es la sala o salón, la otra, que contiene dos camas, es una habitación de forma irregular, pues las paredes no corres paralelamente. desde cada una de estas habitaciones se llega a otras dos; una es un dormitorio y la otra un despacho, donde el buen señor de la casa, un recaudador de impuestos, realiza su trabajo. No obstante, nos lo cedió, y puso a mi disposición, mesa, papel y tinta".

Mientras esperamos que la generosidad de algún coleccionista nos brinde la oportunidad de contemplar imágenes de aquellos primeros turistas en Puerto de Cabras, podemos disfrutar de esta otra que nos muestra al matrimonio Stone en Arrecife de Lanzarote a bordo de un camello [Foto de la FEDAC, publicada en su WEB oficial]

Y concluimos: Aquel inmueble que sirviera de "hotel" y de mesón, aquella fonda donde escribiera sus notas la viajera inglesa, aún se mantiene en pié, aunque en muy mal estado en la calle Ruiz de Alda de Puerto del Rosario.

martes, 10 de septiembre de 2013

Conclusión de los disturbios de 1912 en El Cotillo

A por el agua, sin rezos ni plegarias


Así lo debieron pensar quienes por “alborotadores” fueron denunciados y finalmente apresados por orden del juez militar constituido en el pago de Tostón, La Oliva, a principios de 1912.
La memoria del agua escribió allí un capítulo diferente. En El Cotillo no se habló de caños en conflicto, de turno en la captación, capacidad de los aljibes o de propiedad de las mismas. Sin rezar ni implorar a los santos de patronazgo, exigieron el derecho a beber donde, al parecer, siempre lo habían hecho y, en todo caso, compartido.
La autoridad militar allí desplazada pensó que la situación sería fácil de controlar. Iba con la idea preconcebida de que los depósitos en conflicto pertenecían incuestionablemente al Ramo de Guerra y que el uso por civiles estaba prohibido.
Pero quien allí fue a tomar declaraciones sobre lo que estaba ocurriendo, chocó con el aliento en contra de vecinos como Marcos Rodríguez, Juan González y los hermanos Pedro y Blas de León, que no dudaron en jalear a hombres, mujeres y niños de aquella localidad para que desobedeciendo las prohibiciones, acudieran provistos de latas para hacer aguada como siempre lo habían hecho, amenazando a quienes les estorbasen en su derecho.
El instructor militar desplazado al puerto de Tostón tocó retirada a Puerto de Cabras para, en un Mal Viaje, volver con una sección del Batallón Cazadores de Fuerteventura número 22, autorizadas por el Comandante Militar y por el Capitán General de Canarias, conscientes de que la Guardia Civil disponible en la plaza apenas contaba con un cabo y uno o dos números, a su juicio insuficientes.
Hasta once mujeres fueron denunciadas por el sólo hecho de pedir agua, siendo finalmente apresados y conducidos al cuartel militar de Puerto de Cabras como cabecillas, los siguientes señores:

Marcos Rodríguez,
Juan González,
Pedro de León,
Blas de León,
Manuel León Gutiérrez,
Juan León y León,
Cándido Armas Chacón,
Agustín Morales Alfonso,
Benito González Hernández.

En rigor, los apresados de El Cotillo debían ser retenidos en el Puerto hasta poder despacharlos con destino a Arrecife, sede el partido judicial al que todavía pertenecía Fuerteventura y donde se encontraba la cárcel del partido. Aún no se había creado aquí el partido judicial y la alcaldía portuense hubo de acudir al ejército para que custodiase tal cantidad de presos, como ya lo hiciera tres años antes con los insumisos fiscales de Tetir; y para ello usaron un almacén ubicado en La Laja Negra (inmediaciones de la residencia de oficiales), propiedad del mismísimo delegado del gobierno, don Agustín Pérez Rodríguez.

Sus causas fueron finalmente sobreseídas y archivadas, esperando la curiosidad de quienes deseen recrear este episodio de la historia local.
El triste honor de encausar a quienes solo pedían agua, le cupo al capitán del Batallón de Cazadores de Fuerteventura, don Antonio del Castillo Tejada, que actuó como juez instructor a partir del 6 de mayo de 1912.

Algo de aquellos acontecimientos debiera permanecer aún en la memoria colectiva de El Cotillo. Nietos y biznietos de los encausados o de las mujeres inicialmente denunciadas deben mantener algún tipo de recuerdo. A aquellos, a los que protagonizaron uno de los pocos motines por el agua en Fuerteventura, va dedicado este artículo.

miércoles, 31 de julio de 2013

Puerto Lajas: Una perspectiva histórica, I

Puerto Lajas en la etapa moderna y contemporánea

Las primeras y más antiguas referencias a este embarcadero se encuentran en la cartografía de finales del siglo XVI y principios del XVII donde, tanto Leonardo Torriani como Prospero Casola lo reflejan en sus mapas de aquellas centurias como cala o embarcadero junto al de Puerto de Cabras.
Del siglo XVIII son más abundantes las referencias a este enclave costero, caso de A. Riviere quien, con su equipo de ingenieros militares realiza la descripción geográfica de las Islas Canarias (1740-43), señalando las atalayas desde las que vigilar el puerto e incorporándolo a la cartografía, como los hicieron Joseph Ruiz en su descripción de la isla de Fuerteventura, sus fortificaciones, atalayas, puertos, playas y costas, en 1772, Juan Bautista Hernández Bolaños en su plano de Fuerteventura 1785, y Varela y Ulloa en su derrotero y descripción de las islas Canarias, de 1788, entre otros.

"Puerto Lajas no quiere romper con su pasado". Embarcaciones rotas sobre la arena de la playa, 2009 [foto aportada por Paco Cerdeña].
Por estas últimas fechas se incluyó en la jurisdicción parroquial de Tetir y la municipal del mismo lugar, con la entrada en funcionamiento de los ayuntamientos contemporáneos, a partir de 1830.
En tiempos de la exportación de la barrilla, durante la primera mitad del XIX, se acercó a esta playa el buque corsario Vencedor para desembarcar a los miembros de la Junta de Sanidad Marítima que había apresado en Puerto de Cabras en 1817, donde disparó algunas andanadas exigiendo rescate.
Años más tarde, el propio ayuntamiento insular o antiguo cabildo, en sesión de 28 de octubre de 1828, advertía a las Juntas de Sanidad de las jurisdicciones parroquiales de Casillas del Ángel y de Tetir, que extremasen la vigilancia en los puertos de Los Molinos y Puerto Lajas para evitar el fondeo y desembarco de pasajeros, como era la costumbre, y dirigirlos al de Puerto de Cabras como único habilitado.
De 1885 data el único mapa conservado sobre la jurisdicción de Puerto de Cabras en el XIX. Lo realizó el agrimensor don Tomás de la Vega, para ilustrar el pleito mantenido con Tetir en este tema, y es allí donde encontramos la primera referencia a algunas construcciones en la Pestana o Puntilla de Puerto Lajas y que en nada contradice la visión de la viajera inglesa Olivia Stone en su recorrido desde la Oliva a Gran Tarajal, pasando por Puerto de Cabras…
La puesta en producción de la Rosa de Lagos por los intereses vinculados a la descendencia del Coronel (con cuyo nombre también se le la conocía), proporcionó a las familias de pescadores de bajura que hemos visto desplazándose por nuestras orillas, la posibilidad de que muchos de sus miembros se ocupasen en las tareas agrícolas como complemento a la pesca. Esta es la razón de los asentamientos en la zona costera, al margen pero cercanos de aquella Rosa.
Y la “pestana” de Rosa de Lagos, el Puerto Lajas histórico, vio como junto a hornos y almacenes se construían nuevas casas que eran cuatro o cinco hacia 1885. De hecho, la mayoría de los vecinos que recoge el Padrón Municipal, diez años después (1895), son labradores en su mayoría.
Durante algún tiempo, casi toda la década de 1890, los vecinos de Lajas aparecieron en los padrones municipales de Puerto de Cabras, asociados al pago de Lagos fruto de la resolución del litigio de límites jurisdiccionales.
En las primeras décadas de 1900 consta que se realizaron exportaciones de diferentes partidas de piedra de cal, cal y yeso, tal y como se refleja en el movimiento portuario de Las Palmas de Gran Canaria y de Santa Cruz de Tenerife, publicado en la prensa de la época. Horno y almacenes contiguos estaban por entonces a pleno rendimiento, como lo hacían al otro lado de la isla, en el Puertito de Los Molinos.
Episodios puntuales como el de reclamar al Estado la carretera que uniera la Vega de Tetir con Puerto Lajas, o la escala de los correillos playeros en esta cala, reflejan los estertores finales de un municipio que quiso habilitar un embarcadero que obviase al de Puerto de Cabras eludiendo así los cánones a la exportación. Y nada consiguieron más que seguir exportando de forma irregular algunas partidas de cereales y calizas; pero sí fueron testimonio de que por aquí se desarrolló una actividad histórica…

Y Puerto Lajas siguió ahí, junto a la Rosa del Coronel o del Agua, confundiéndose muchas veces a nivel administrativo y jurisdiccional entre Tetir y Puerto de Cabras...

viernes, 21 de junio de 2013

El antiguo cementerio de Puerto del Rosario

Una de las primeras cuestiones que se planteó la mayoría resultante de los comicios locales de 1983 en el Ayuntamiento de Puerto del Rosario fue la de qué hacer con el antiguo cementerio de la localidad.
Y se suscitó un debate que reflejó lo que no podía ser de otro modo: la existencia de dos posturas radicalmente opuestas, una cuestión que ya se intuía, pero que debía ser pulsada en la opinión pública y no se hizo.
Pero el asunto trascendió desde el momento en que el concejal de cultura de época pedía al especialista en Historia del Arte A. Sebastián Hernández un informe que ponderase los valores históricos y artísticos que pudiera tener aquel recinto o sus elementos integrantes. Entonces no había salido la Ley Patrimonio Histórico de Canarias y en el Cabildo se trabajaba con las vigentes normas estatales de patrimonio histórico; y de la institución insular partió en cierta medida el empuje para este encargo.
Y Chano Hernández emitió, naturalmente, su informe, con unas recomendaciones que aplacaron los afanes demoledores que soñaban con borrar este hito urbanístico constituido por el camposanto del viejo Puerto de Cabras.
No contento con esto, el especialista agarró sus papeles y, resumiendo su contenido, los llevó al altavoz que e aquella época se nos ofrecía y que, en principio, fueron las Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, dándolo a conocer a los congresistas asistentes a la III edición de este foro y, por extensión a la opinión pública a través de la prensa.
Allí resonaron también los gritos que protestaban contra una descabellada intervención en la torre de El Castillo de Caleta de Fustes, en la vecina Antigua: enfoscarla y pintarla de blanco fue la ocurrencia en este caso.
El que nos ocupa siguió latente hasta nuestros días. El viejo cementerio de la capital majorera es uno de los pocos hitos o testigos urbanísticos y arquitectónicos que señala los confines de la ciudad en el último cuarto del siglo XIX. Y desde allí ha visto soterrar el Barranquillo de la Miel que, a pocos metros de su fachada, marcaba el confín austral de Puerto de Cabras, atravesado por el camino de Casillas; y ha visto también desaparecer todo el viejo frente marítimo, incluido el muelle municipal, el señero Muelle Chico.
¿Qué mas da el nombre de quien repose allí? ¡Allí lo que nos contempla es la Historia de Puerto del Rosario! Porque no me negarán quienes aun ambicionan la demolición o cuestionan su conservación que aquel es un sitio histórico, un referente visual al menos en idéntico nivel de potencialidad identitaria que la Casa de Fray Andresito, en La Ampuyenta, por no hablar de otros ejemplos más cercanos.
Sin embargo el expediente “incoado” en 1988 se durmió sin despertar al cobijo de la Ley 4/1990 de Patrimonio Histórico de Canarias ni al de sus modificaciones posteriores.
Lo que sigue mirando desde allí, insisto, es nuestra propia historia local, porque allí quedó reflejado el esfuerzo de un pueblo que, diez años después de constituirse en Municipio, ya trabajaba buscando los medios y el solar en el que dar sepultura a sus muertos, sin tener que cargarlos hasta la Vega de Tetir, donde por norma tenía que hacerse entonces.
El solar lo proporcionaron los Miller de Puerto de Cabras: primero Diego, y su hija Emilia después, en 1870-71.
Y allí, en la parte más aireada de las afueras de la población, al otro lado del Barranquillo de La Miel, junto al camino de Casillas, estimaron que era el punto más conveniente para que el mampostero Domingo Rodríguez hiciera las viejas paredes.
Se remató la parte más antigua en 1871, con un frontón triangular. En 1890 se completó una segunda fase con el cerramiento de dos fajas laterales a la primera: una para casa mortuoria y zona de enterramiento de no católicos, al poniente; y otra al naciente que luego enajenó el ayuntamiento a favor de Ramón Fernández Castañeyra para su cementerio privado.
Y una tercera fase culminó en 1919, con la Capilla de los Pérez, promovida por don Agustín Pérez Rodríguez a la espalada del primitivo núcleo de la necrópolis, en cuya ampliación se incorporó un lugar destinado al Ramo de Guerra. Los nichos llegaron mucho más tarde y, poco tiempo después, el conjunto dejó de utilizarse como zona de enterramiento en la década de 1970.

… De todas formas, ¡dejemos descansar a los muertos! Y aprovechemos los rescoldos que en vida nos dejaron para no caer en la desmemoria de los pueblos que, al parecer, también se da.

El patrimonio histórico no debería ser un juguete.

miércoles, 12 de junio de 2013

Fragata "Los tres amigos", 1836

De Lanzarote y Fuerteventura a Montevideo.

Este fue otro de los buques que trasladaron colonos canarios a la República Oriental del Uruguay en la primera mitad del XIX. Zarpó desde el Puerto de Arrecife, en Lanzarote después de recoger viajeros en dicha isla y se acercó a la vecina de Fuerteventura, donde completó el pasaje antes de hacerse a la vela.
Se trataba de una de las muchas embarcaciones que subastaba la Comandancia Principal de Marina en el puerto de Santa Cruz de Tenerife donde la compraron, a mediados de 1835, Mariano Estinga, Vicente Toledo y Manuel Cabrera Dávila,  y donde la matricularon abanderándola bajo pabellón español con el nombre de “los tres amigos”. Unos retoques por aquí, otros por allá y a navegar. Tres meses después se encontraba en aguas de Lanzarote, avituallándose para una larga travesía.
De Julio a Diciembre de 1835 se sucedieron los negocios, repartiéndose la capitalización de la expedición entre Estinga, Toledo y Cabrera quienes pertrecharon y avituallaron el barco surto en el Puerto de Arrecife de Lanzarote, “…con su velamen, jarcias, cabullería, pipas de agua, lanchas y demás utensilios necesarios para la navegación…
Cabrera Dávila y Toledo eran vecinos de Gran Canaria, mientras que Estinga lo era de Lanzarote. El primero entró en el negocio comprando una cuarta parte del barco a Vicente Toledo por 1.522 pesos corrientes, artimaña que enmascaraba realmente el capital aportado por Cabrera y cuya cuarta parte permutó devolviéndosela a fines de 1835 a cambio de diversos bienes inmuebles en Gran Canaria, incluidos los adquiridos de los pasajeros como pago de los fletes de embarque en Lanzarote y Fuerteventura.
Vicente y Mariano serían los encargados de viajar con la expedición hasta Montevideo, para lo cual, a mediados de 1836, apoderaron a Lázaro Rugama y a Eduardo González Feo, para que se hicieran cargo de la gestión de los bienes adquiridos con el pasaje de esta empresa en Fuerteventura y Lanzarote, respectivamente. Y hasta la primavera de aquel año continuaron contratando gente hasta completar el cupo de colonos.

Y el barco salió efectivamente a mediados de mayo, capitaneado por Estinga llegando a su destino a principios del invierno austral ¡Menudo cambio para nuestra gente! Menos mal que se iban aclimatando zarandeados en medio del océano durante casi dos meses.
La discusión entre Mariano Estinga (versado en el transporte de colonos y forjado en otras singladuras de igual destino) y Vicente Toledo sobre el resultado de esta expedición los llevó a los tribunales que resolvieron la demanda a favor de Toledo en 1840. No se acordaba Mariano que, al principio eran tres los amigos y de que Vicente había permutado la parte que correspondía al tercero. En fin un negocio de “esclavitud blanca” que acabó en pelea por los parcos bienes que obtuvieron como pago del pasaje de los viajeros.

Estos son unos cuantos colonos que integraron aquella lejana expedición:
De Arrecife: Sebastián González y Francisco Peraza.
De Tías se fueron Marcial Cabrera, vecino de Conil, Bernardino Batista que vivía en Mácher, Bartolomé Acosta, de Tegoyo, Manuel Bravo y Marcial Martín, del núcleo de Tías.
De Guatiza: León Fernández y Andrés Ferrera.
De Haría, Margarita Espino, viuda de Marcial Clavijo, y Marcial Villalba.
De La Asomada, Antonio Hernández.
De Las Calderetas de San Bartolomé, Manuel Cuello o Coello.
De Los Valles: Victoriano Barreto; Catalina, Domingo, Francisco y Victoria Betancor; Francisca y Marcial Cabrera; Valentín Díaz; Francisco Fernández; Antonio Lemes Pérez y Antonio Socas.
De Mala: Manuel Berriel, Agustín Bonilla, Agustín Vicente Clavijo, Antonio Clavijo, Buenaventura Espino, Nicolás Espino, María Espino, Sebastián Espino, Candelaria Guerra, Manuel Hernández, Petra Parrilla y Antonio Reyes.
De Nazaret: Domingo Fuentes.
De Tefía Bernardo Borges.
De Teguise: Juan de Franquiz, María Medina, Miguel de Páez y Juan Rodríguez.
De Teseguite: María Gracia Morera, viuda de Juan Berriel.
De Tinajo: Germán Peña y Vicente Toribio.
De Uga: Juan Medina Beltrán.
De Valle de Santa Inés: Mariana Martín y Luís Ruiz Sánchez.

Pero hubo otros que directa o indirectamente participaron de la expedición, bien pagando el flete de algún vecino o viajando ellos mismos y cuya procedencia desconocemos:

Tomás Apolinario, Mateo Amado, Sebastián Betancor y familia, Domingo Bonilla, Alejo Corujo, Andrés Corujo, Patricio Díaz, Antonio Fernández, Sebastián González de León, Felipe González, Antonio Guillén que viajaba con su nieto Carlos Marichal, Francisco Hernández, Francisco de León, Marcial de León, Vicente Machín, Marcos Martín, Agustina Morín y esposo Antonio Norias, Nicolás Ramírez, Ceferino Rodríguez, Miguel Rosa, Gregorio Tejera, Juan Tejera, Manuel Torres, Domingo Umpiérrez, Juan Luís de Vera, Lorenzo Viera y su hijo Vicente…

miércoles, 22 de mayo de 2013

La Universidad Popular de Fuerteventura

Inaugurada por el Rey Juan Carlos I el día 22 de mayo de 1986, festividad de Santa Rita, la Universidad Popular de Fuerteventura abrió sus puertas en marzo del año anterior, como una de esas experiencias que, aunque pensada en momentos electorales, se puso efectivamente en marcha el día 20 de marzo de 1985, para dejar una profunda huella en la memoria colectiva de la isla. Una iniciativa que daba pábulo a la esperanza de que el cambio pensado durante la transición había llegado en un tiempo de ilusiones compartidas.

Recorte de prensa consultada en el archivo de prensa digital JABLE

Se anunciaba como un centro de intercambio cultural de toda la isla, en el que se darían cita todas las personas y grupos con inquietudes de cualquier índole. Al menos eso decía, poco más o menos, el entonces presidente del Cabildo majorero, institución promotora de la idea.
En su comienzo coincidió con el nacimiento de otra fuente de "fabricación bibliográfica" para el estudio de una isla olvidada que anhelaba despertar en igualdad de condiciones que el resto: Las "I Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote", que entonces llamábamos de Historia, y que celebramos en homenaje al recordado Francisco Navarro Artíles.
Efectivamente, el Pleno del Cabildo majorero, en sesión del día 3 de Febrero de 1984, acordaba aquella celebración junto a la creación de la Universidad Popular de Fuerteventura, y, en octubre del mismo año, aprobaba las obras de reformas de la Clínica Virgen de la Peña, donde se iba a instalar la nueva institución.
El día 20 de marzo de 1985, casi tres años después de que abriera sus puertas la Universidad Homónima de Puerto de La Cruz (Tenerife), se ponía en marcha la de Fuerteventura con una experiencia piloto que entonces abarcaba Puerto del Rosario y los municipios limítrofes, teniendo previsto, como efectivamente se llevó a cabo, la apertura de este servicio en Gran Tarajal y Morro Jable.
La primera coordinadora y directora de los cursos y talleres de aquella Universidad, Inmaculada de Armas, no ocultaba su alegría a la prensa al comentar que "las universidades populares son centros de animación socio cultural, destinados al desarrollo personal de los ciudadanos" y -decía- "creemos que es misión de la Universidad Popular fomentar, apoyar y programar estas iniciativas en conjunto con los colectivos culturales de todos los municipios..."
Y es que eran tiempos de ilusión sincera ante las nuevas expectativas que prometía un nuevo sistema que intentaba compartir los recursos de la Universidad Popular con el mayor número de gente adulta por barrios y pueblos de la isla.
A partir de marzo de 1985 comenzaron a impartirse clases de inglés y alemán (E. Samuel, C.C. Bach...), y a desarrollarse talleres de artesanía tradicional (L. Betancor, S. López Márquez...), de fotografía, pintura, corte y confección (J.M. Mercader...), y parranda (D.L. Rodríguez "Colorao", que entonces no lo era, y Domingo "El Cuco")...
Unos cursos que eran cuatrimestrales, de marzo a julio de 1985, el primero, aunque los periodos de actividad de la Universidad Popular eran anuales, y se inauguraban en octubre de cada año.
El 30 de octubre de 1985 se inauguraba el segundo curso de la Universidad Popular para el periodo 1985-86, a mediados del cual la UP acogió el "I encuentro interregional de Universidades Populares" y la visita de los Reyes de España, durante la cual clausuraron éste e inauguraron oficialmente aquella el día 22 de mayo de 1986, festividad de Santa Rita.
Y aquella presencia del Jefe del Estado en nuestra UP vino a dar un importante respaldo a la educación de adultos y a la animación socio cultural, imprescindibles para el desarrollo cultural de los pueblos.
En aquel acto inaugural, el entonces presidente del Cabildo, Gerardo Mesa Noda, durante su discurso recordaba que "las gentes de Fuerteventura, como en otras partes de España, necesitan de la educación y la cultura... como una necesidad básica para poder crecer y progresar. Y -continuaba- cuando los propios ciudadanos, por sí solos, no saben o no pueden organizarse para dar respuesta a sus problemas y necesidades, deben ser las instituciones públicas las que garanticen ese derecho básico. Y en esa convicción nace la Universidad Popular de Fuerteventura".

Hemeroteca local de la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario.

En marzo de 1988 se contrataba a un monitor de prensa para poner en marcha uno de los talleres destinados a dejar huella escrita de cuanto la Universidad Popular desarrollaba, y en ese contexto nació el "Papel Popular", una hoja informativa que también acogería los propios trabajos de los alumnos de dicho taller. En su primer número, diciembre de 1988, se hacía balance de los casi cuatro años de gestión en la isla: "En este tiempo son muchos los cambios que han tenido lugar en nuestro trabajo y en la calle. Nuestros objetivos han sido colaborar con las personas que se preocupan e intentan cambiar una realidad social que a veces duele por la dejadez que la ha producido..." Al año siguiente, la hoja informativa daba paso a "Muralla", que se mantuvo como revista popular hasta principios de 1992.
Por entonces ya funcionaba la Universidad Popular en Gran Tarajal, con la que colaboraron, entre otros, el Hogar del Pensionista de aquella localidad sureño y el colectivo cultural "Tiempo Sur".
En la actualidad la sede de la Universidad Popular de Fuerteventura se ha transformado en un Centro Bibliotecario, donde comparte edificio con Radio ECCA y con el Centro Asociado de la UNED... Han cambiado los tiempos, los nombres, pero en el subconsciente colectivo nos seguimos refiriendo al viejo edificio como la Universidad Popular o antigua UP, donde vimos gestarse, entre otras iniciativas, el primer encuentro de mujeres o la primera feria del libro...