miércoles, 27 de febrero de 2013

Puerto de Cabras en la época de Primo de Rivera

El callejero de la localidad homenajea los inicios de la comunicación aérea en Canarias y Noroeste de África.

En 1926 el ayuntamiento de Puerto de Cabras conmemoraba la gesta trasatlántica del vuelo del Plus Ultra entre Palos de la Frontera y Buenos Aires, que hacía escala en Gran Canaria.
La moción fue presentada por don Ángel González Brito a la Comisión Municipal Permanente que escuchó atenta el entusiasmo de aquel concejal, proponiendo el nombre de los pilotos de aquella aeronave a distintas calles de la localidad.
Aquel miembro del partido Republicado Federal, seguramente evocando la emoción que le habían producido las inquietantes figuras que, años atrás, en 1923, le había producido el amerizaje en la Bahía de Puerto de Cabras de los hidroaviones de la Compañía Francesa “Latecoere” en sus rutas con el noroeste de África.


En mayo-junio de 1923, la compañía francesa Latecoere realizaba el raid aéreo Toulouse-Casablanca, desde donde siguieron por otros puntos de África y Canarias, como Fuerteventura, amerizando en Puerto de Cabras. [Recorte de prensa, Diario de Las Palmas, consultado en Jable, Archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria]

Desde su almacén, en la explanada del muelle chico, pudo contemplar el paseo de los aviadores que estiraban las piernas para darse un respiro y un traguito en las tascas contiguas, antes de seguir vuelo hacia Gran Canaria y Tenerife.
Y aquellos rótulos que propuso don Ángel aún se conservan en nuestro callejero, salvo el del joven mecánico Pablo Rada que se descolgó poco tiempo después para dar entrada a otros nombres de más enjundia en la "gloriosa patria".
La memoria colectiva suele confundir los nombres del Teniente Durán, Ruiz de Alda o Comandante Franco, sospechando de los mismos desde una perspectiva en que la historia colocó estos apellidos en situaciones bien distintas a aquellas por las que se homenajeaban. El propio concejal que los propuso andaba ya por la militancia republicana radical socialista:
El teniente de navío Juan Manuel Durán González fue objeto de aclaración no hace mucho por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que daba su nombre a la calle paralela al norte de Mesa Y López, donde el ayuntamiento de la capital provincial decidió confesar que se había confundido llamándolo José María Durán. En nuestra ciudad se marcó la antigua “Cuesta”, vial oblicuo al norte de la carretera del sur, con el rótulo del Teniente Durán y así pervive sin más aclaraciones desde 1926.
El Capitán Julio Ruiz de Alda y Miqueleiz pasó a rotular la antigua “calle del Puente”, donde aún se conserva como “Ruiz de Alda”, vial al que se asomaban las antiguas casas consistoriales y el hostal de doña Benigna Pérez Alonso, que alojara tiempo atrás a la viajera inglesa Oliva Stone. La historia colocó al capitán que nos ocupa entre los cofundadores de la Falange Española, junto a José Antonio; pero no se debe a este último mérito su presencia en nuestro callejero.

El hidroavión "Plus Ultra" en 1926, comandado por Ramón Franco. [recorte de prensa consultada en Jable, archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria]
Y lo mismo podemos decir del Comandante Ramón Franco, que vino a sustituir el rótulo de la antigua calle de “La Rambla”, no por el escaño obtenido para Izquierda Catalana en las Cortes de 1931, ni por ser el hermano de Francisco Franco Bahamonde. Don Ángel González Brito lo propuso por ser el comandante del hidroavión Plus Ultra y uno de los grandes pilotos que protagonizaron los orígenes de la comunicación aérea española en el noroeste africano y Canarias.

martes, 19 de febrero de 2013

Puerto de Cabras en la época de Primo de Rivera

La visita del buque escuela "Juan Sebastián Elcano", 1929.

El 21 de agosto fondeaba en la bahía de Puerto de Cabras el buque escuela de la Armada Española Juan Sebastián Elcano. Hacía menos de un año de su botadura y éste era su segundo crucero de instrucción. Tan alto honor para con la capital de Fuerteventura mereció un agasajo por parte de las fuerzas vivas de la localidad que convidaron a oficiales y guardiamarinas a la fiesta que se les brindó en el Casino que entonces se encontraba en la casa Manrique, hoy en ruinas frente al mercado municipal. Alumbrados con la electricidad que generaba la propia institución local, hubo fiesta hasta altas horas de la noche del día 23 de agosto de aquel año y los sones de la música se escaparon por los ventanales de aquel edificio para derramarse sobre los barquillos y sobre la arena de la playa del muelle chico.

La foto del libro "Puerto del Rosario, cien años en la memoria", editado en 2000, recoge la segunda visita a nuestro Puerto en la década de 1970.

La crónica del acontecimiento, no tiene desperdicio: la publicó el Diario de Las Palmas y a ella se refirieron  reiteradamente las noticias del Puerto de La Luz cada vez que el buque escuela visitaba Canarias. Dice así:
"Fiestas en honor de los marinos del J. Sebastián Elcano.- Con motivo de la visita a este puerto del hermoso buque escuela “J. Sebastián Elcano”, al mando del digno comandante señor Lago, reinó en este Puerto de Cabras todo el día del martes una extraordinaria animación con la bajada a tierra de los señores jefes oficiales y marinería franca de servicio. El Casino principal organizó por la noche una animada verbena en obsequio de los visitantes a la que asistió una enorme concurrencia, ofreciendo el adorno de los patios, terraza y salones con el alumbrado eléctrico del propio Casino, una espléndida impresión del mejor gusto.- El elemento femenino vistosamente ataviado con el clásico mantón y ramos de flores, daban a la fiesta una nota alegre y simpática.


Trasiego en el Muelle Chico de Puerto de Cabras, 1929. Recorte de la prensa de la época, consultable en Jable, archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
" A las doce se sirvió en los salones mantecados, helados y otros refrescos ocupando las mesas preferentes los señores jefes y oficiales y guardiamarinas, continuando la alegría hasta altas horas de la madrugada que terminó la fiesta con un “Viva Fuerteventura” pronunciado por los marinos a lo que respondió con otros vivas a la Marina de Guerra Española y a la dotación del hermoso buque.
"Nuestra más entusiasta enhorabuena a la Junta de dicho Casino y en especial a su presidente don Julio López y vocal don José Peñate por la perfecta organización de esta fiesta que deja entre nosotros un recuerdo imborrable".

lunes, 11 de febrero de 2013

El primer parador de Fuerteventura, 1947


La inauguración del "Hotel Fuerteventura" en Puerto de Cabras.

Entre los años 1944 y 1946 se había construido en Puerto de Cabras una de las últimas obras que hizo el Mando Económico de Canarias en Fuerteventura y la única destinada al turismo.
Me refiero al “Hotel Fuerteventura”, construido a la salida del muelle comercial, a muy pocos metros de las líneas de atraque.
Fue diseñado por el arquitecto José Enrique Marrero Regalado, que lo había concebido en reducidas dimensiones, a modo de vivienda que pudiéramos enmarcar en el estilo “neocanario”, “regionalismo historicista” o, al decir de Antonio Sebastián Hernández Gutiérrez, encuadrable en cualquiera de las fórmulas imperantes en la época, seguidas, entre otros por el también arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre que había realizado otras obras insulares como la Delegación de Gobierno con similares inquietudes estéticas.

Recorte de prensa: el parador según proyecto de Marrero Regalado [Archivo de Prensa Digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, JABLE]
El edificio que nos ocupa intentaba cubrir funciones de parador de turismo, pues hasta la década de 1940 habían existido en la capital de Fuerteventura otros alojamientos similares que no llegaron a tal categoría; casos del abierto por doña Benigna Pérez Alonso, viuda de José Galán Sánchez, alrededor de 1883, el hotel que abriera don Francisco de Vera Manrique en noviembre de 1920 o la propia fonda de Blas Sánchez Rodríguez, “el de la esquina”, en la explanada del muelle chico.
El hotelito que dibujó Marrero Regalado junto al muelle de Puerto de Cabras, estaba concebido para acoger con comodidad y calidad a muy pocos huéspedes, pero sufrió importantes alteraciones que desdibujaron por completo su diseño original; unas modificaciones que posiblemente se ejecutaran en la década de 1960, cuando se acordaron del edificio para incorporarlo a la oferta alojativa de la capital insular en los inicios del turismo de masas.
Además, las importantes alteraciones del entorno y de las riberas del mar, con una requetepensada avenida marítima, miraban más hacia el desarrollismo de rascacielos y modernidad que hacia lo recoleto que pudiera resultar mantener el frente marítimo que mostraba la ciudad entre el muelle grande y la playa de Las Escuevas.
Y es que por entonces se miraba hacia Playa Blanca, donde entre arenas y matorrales surgieron los primeros chalets que se brindaron a la industria turística y, justo allí, también el nuevo parador, construido a partir de 1965, esta vez diseñado, entre otros, por el arquitecto J. Palazauelo. Y cerca de allí las obras del nuevo aeropuerto de El Matorral, pieza clave en la reorientación económica de la isla.
Pero volvamos a nuestro “Hotel Fuerteventura” que aún se conserva con las alteraciones mencionadas y con funciones bien distintas, en la esquina de las calles Guanchinerfe y Almirante Lallemand, en la rotonda de “El Vigía”, a la salida del muelle comercial de Puerto del Rosario, para retomar la noticia de la ya lejana inauguración como parador:

Primer parador de Fuerteventura en Puerto de Cabras, según diseño del arquitecto José Enrique Marrero Regalado. [Foto  del "Puerto de Cabras/Puerto del Rosario. Una ciudad joven"]

El diario “Falange”, en su edición del 10 de enero de 1947, comentaba: “Puerto de Cabras. Inauguración del Hotel “Fuerteventura”, donación del extinguido Mando Económico”. La recepción oficial tuvo lugar el día de reyes de aquel año, en los salones del Cabildo Insular. Estuvieron presentes el Delegado del Gobierno, don Ceferino Erdozaín Elizalde, el alcalde Puerto de Cabras, don Teodomiro Pérez Martín, el Juez Municipal, don Ramón Peñate y demás autoridades civiles y militares para contemplar cómo don Antonio González Sánchez, Comandante Militar de la isla y teniente coronel jefe del Batallón de Infantería XXX, en nombre del Capitán General de Canarias, donaba a don Lorenzo Castañeyra Schamann, Procurador en Cortes y Presidente de la institución insular, el primer hotel que hizo las veces de parador de turismo.

viernes, 1 de febrero de 2013

El ayuntamiento de Puerto de Cabras durante la dictadura de Primo de Rivera, 1923


Dificultades para constituir la Corporación de 1923 y para nombrar al alcalde:

En base a la Ley Municipal que entonces regía, Puerto de Cabras tenía un ayuntamiento de 8 concejales que se renovaban, de ordinario, por mitades de dos en dos años, saliendo en cada renovación los ediles más antiguos. (conviene recordar que para ser elector, bastaba con ser cabeza de familia con casa abierta y, al menos, dos años de residencia fija en el término municipal, cierta cuota tributaria u ocupar empleos del Estado, la Provincia o el Municipio).
La Junta Municipal de Vocales Asociados se componía del ayuntamiento (los ocho miembros) y de los vocales asociados en número igual al de concejales, o sea, la integraban 16 componentes, elegidos dichos vocales por secciones, en función de su nivel tributario al Municipio, a la Provincia o al Estado.
A finales de 1920 Puerto de Cabras tenía un censo que rondaba los 900 habitantes (aún no había agregado a los municipios colindantes), quedando por debajo del tramo poblacional en que la normativa situaba a Tetir y a Casillas del Ángel, otorgándoles un concejal más a cada uno de ellos.
En los tres municipios que mencionamos se dieron las dificultades para constituir su ayuntamiento por causa de las eventuales incompatibilidades que, por edad, enfermedad o cargo cabildicio, entre otras, se alegaron.
Y es que, entre los tres  municipios, se movían en cada proceso 52 personas entre miembros de la corporación y vocales asociados. Andábamos aún entre el caciquismo y el analfabetismo, entre monárquicos y republicanos, con una cierta presencia, si quiera testimonial, del socialismo y del republicanismo federal junto al Partido Majorero.

Consecuencia del golpe de estado en la vida municipal:

Cuando a raíz del golpe de estado se decretó la disolución de todos los ayuntamientos, se disponía también que los miembros de estas corporaciones fueran sustituidos por vocales de la Junta Municipal de Asociados.
A tal efecto se convocó el pleno de Puerto de Cabras que se reunió el 1 de octubre de 1923.
Asistieron el alcalde, José Pérez Medina y los concejales Manuel Oramas Martín, don Victoriano González Carballo, Pedro Hernández Barrios, Juan Martín Alonso, José Castañeyra Carballo y Manuel Martín Cabrera.
El señor Pérez Medina entregó la presidencia del ayuntamiento al comandante militar de Fuerteventura y delegado gubernativo, Manuel Moreno Sarráiz, que presidió el acto de toma de posesión del nuevo ayuntamiento, integrado por los siguientes señores, todos miembros y vocales de la Junta Municipal de Asociados (cuerpo paralelo al ayuntamiento e integrado por los mayores contribuyentes del término, en proporción igual al número de concejales):

Juan Peñate Quevedo (Las Palmas de Gran Canaria, 1860).

Don Juan Peñate Quevedo, (Las Palmas, 1860)
Agustín Medina Rodríguez, (Las Palmas, 1866)
Miguel Saavedra Peña, (Puerto de Cabras, 1886)
Isidro Jorge Núñez, (Puerto de Cabras, 1854)
Francisco Medina Berriel, (Puerto de Cabras, 1889)
Secundino Alonso Alonso, (1855-1924)
Agustín Pérez Rodríguez, (Puerto de Cabras, 1850)
Antonio Bordón Melián, (Antigua, 1890)

Lo difícil fue la elección de alcalde presidente.

Primer intento:

Constituidos así en corporación, procedieron, en votación secreta, a elegir los nuevos cargos concejiles del ayuntamiento, con el siguiente resultado:
Alcalde, Francisco Medina Berriel; teniente de alcalde, Juan Peñate Quevedo y Síndico, Miguel Saavedra Peña.
Aparentemente pacífica esta primera corporación agradeció al comandante militar que había actuado como delegado gubernativo en la sesión constitutiva, la sensatez y cordura con que supo llevar a cabo el trascendental acto que acababan de verificar.
Pero el desplazamiento de los vocales de la Junta de Asociados para formar el ayuntamiento requería la cubrición de las vacantes que dejaban. Y comenzó el baile de miembros de dicha junta y de concejales que dio poca estabilidad a este ayuntamiento.
La Junta Municipal de Asociados intentó cubrir sus vacantes incorporando a Manuel López Rodríguez, Ángel González Brito, Benito Sanz Peray, José Machín Rodríguez, Felipe Martos Santana, Ignacio Jorge Núñez, Vicente Felipe Bravo y Gonzalo Cúllen del Castillo.

Las renuncias: borrón y vuelta a empezar.

Comenzaron a producirse de inmediato, viéndose las primeras en la sesión que celebraron 7 días después, coincidiendo con la festividad patronal:
La de Secundino Alonso Alonso, alegando incompatibilidad con la consejería del Cabildo, por la que optaba. La de Felipe Martos Santana y  la de Vicente Felipe Bravo como vocales de la Junta Municipal de Asociados. Los dos últimos fueron sustituidos por Victoriano González y Juan Cabrera Aguilar, pero el ayuntamiento quedaba “cojo”.
Y más desestabilizado iba a quedar al padecer, el día 17 de octubre, un nuevo reajuste, fruto de las renuncias presentadas por Benito Sanz Peray, Victoriano González Carballo, Juan Cabrera Aguilar y Gonzalo Cúllen del Castillo, que igualmente alegaron incompatibilidades, y la de José Machín Rodríguez que dijo ser analfabeto. La lista de mayores contribuyentes proporcionó las cinco sustituciones de las señaladas para la Junta de Asociados, con las personas de Francisco del Toro Rivero, Ramón Castañeyra Schamann, Tomás Felipe Bravo, Laureano Saavedra Peña y Salvador Machín Rodríguez.
Acto seguido fue el propio Francisco Medina Berriel, quien alegando su indebida inclusión en la Junta de Asociados, presentó la renuncia a los cargos de alcalde y concejal, siendo sustituido por Juan Peñate Quevedo.
Hizo lo propio Agustín Medina Rodríguez y Antonio Bordón Melián.

Segundo intento:

A resultas de tantas renuncias en el Ayuntamiento y en la Junta Municipal de Asociados que según el Real Decreto debía proporcionar los nuevos concejales, el 17 de octubre surgió la nueva Corporación Municipal con los siguientes señores:

Salvador Machín Hernández, (Puerto de Cabras, 1877)
Tomás Felipe Bravo, (Puerto de Cabras, 1855)
Ramón Castañeyra Schamann, (Puerto de Cabras, 1897)
Manuel López Rodríguez, (¿?)
Laureano Saavedra Peña, (Puerto de Cabras, 1884)
Agustín Pérez Rodríguez, (Puerto de Cabras, 1850)
Isidro Jorge Núñez, (Puerto de Cabras, 1854)
Miguel Saavedra Peña, (Puerto de Cabras, 1886)

Los cuales procedieron en votación secreta a la elección de alcalde presidente, con el resultado de 4 votos a favor de Ramón Castañeyra Schamann, quien quedó posesionado de forma interina al amparo de la Real Orden de 5 de octubre de 1891 sobre renovación de ayuntamientos, dejando constancia de que ya no había suficiente número de contribuyentes para completar la Junta Municipal de Asociados.

Tercer intento:

Se llevó a cabo en sesión del 21 de octubre, a raíz de la renuncia al cargo de concejal y alcalde interino, presentada por Ramón Castañeyra Schamann, alegando incompatibilidad de orden moral.
Por cuatro votos se rechazó a Salvador Machín Hernández como concejal sustituto, defendido por Juan Peñate Quevedo y Agustín Pérez Rodríguez.
Y se procedió a votar la alcaldía interina, en cuyo proceso salió elegido por mayoría relativa Laureano Saavedra Peña.

Cuarto intento:

Vino marcado en la sesión del 30 de octubre, con la protesta presentada por Manuel López Rodríguez contra el acuerdo adoptado el día 21, en que se dio el voto a Juan Peñate Quevedo y a Agustín Pérez Rodríguez, incapacitados, según él para ejercer el cargo de concejales por ser arrendadores de locales al municipio, y pidiendo se anulasen los nombramientos y se cubrieran las vacantes con los primeros vocales de la Junta de Asociados que, como vimos, ya estaba incompleta.
Se volvió a repetir la votación, dando como resultado  3 sufragios para Laureano Saavedra Peña y 2 para Tomás Felipe Bravo.

Definitiva elección del primer alcalde de la dictadura:

En sesión de 4 de noviembre de 1923 se dio lectura a un comunicado del Delegado del Gobierno de Su Majestad, donde condenó el cese de los concejales Peñate Quevedo y Pérez Rodríguez, dando posesión como ediles a los que eran vocales de la Junta Municipal de Asociados, Ángel González Brito, Ignacio Jorge Núñez y Francisco del Toro Rivero, circunstancia que provocó la quinta votación de alcalde y la tercera que defendió Laureano Saavedra Peña, que empató con Tomás Felipe Bravo en tres votos.
El sorteo fue quien, finalmente, dibujó el primer ayuntamiento de la dictadura de Primo de Rivera:
Alcalde presidente, Tomás Felipe Bravo; teniente de alcalde, Manuel López Rodríguez; depositario, Ángel González Brito.