miércoles, 17 de febrero de 2016

El Ministro Eduardo Cobian en Puerto de Cabras, 1905

Eduardo Cobian y Rufignac, Ministro de Marina de Alfonso XIII en Puerto de Cabras, 1905
Si tuviéramos que describir el Puerto de Cabras de 1905 bien podríamos acudir a la descripción que nos hiciera un año antes el periodista conejero Isaac Viera:

Eduardo Cobián Rufignac, el Ministro de Marina que visitó Puerto de Cabras en mayo de 1905.


"Es un pueblo costeño, con rudo rostro de viejo lobo de mar en que todas las casas quieren asomarse a ver las olas. Las de la parte baja no tiene delante nada que las estorbe; el resto de las viviendas diríase que se empinan detrás de sus camaradas para atisbar la bahía.- Nada tan típico como la calle principal, que lleva el nombre de León y Castillo; es anchísima... la ascensión al pueblo, que se compone de veinte calles y una bonita plaza, junto a la cual se levanta un hermoso templo consagrado a la Virgen del Rosario... El muelle de Puerto de Cabras pertenece al municipio, es un rinconcito abrigado donde se recuestan a la baja marea las barcas... mientras algún pailebot duerme fuera del espigón, como corresponde a su dignidad naviera..."

Tiempo después sería el semanario local La Aurora quien en su edición de 29 de mayo de 1905, se hacía eco de la visita que hiciera aquel Ministro al archipiélago Canario, centrándose, por supuesto, en su estancia en nuestra capital.

Cañonero de la Armada Española "Álvaro de Bazán", escolta de "la Numancia".
 
Y es que nunca se vió tanto alarde de periodistas, cronistas y séquito: habían de cubrir la primera visita de un ministro español a Fuerteventura. Comisionados de todos los ayuntamientos, representantes de las corporaciones civiles y militares, una dispendiosa comida y de nuevo al barco.

La flotilla venía de Gran Canaria, la integraban un cañonero y una fragata. Llegarían a la bahía de Puerto de Cabras entre las 9 y las 10 de la mañana del día 7 de mayo, que para comunicarlo se había adelantado el cañonero Álvaro de Bazán que con su bocinazo despertó a la población del viejo Puerto; todavía no había llegado aquí el telégrafo, así es que la noticia mejor confirmarla a las autoridades locales y a las guarniciones de la plaza para que todo estuviese preparado.

Y se sucedieron los acontecimientos:

A las nueve y media ya fondeaba en la bahía "La Numancia", aquel remodelado buque del que Pérez Galdós recreó la vuelta al mundo. Al recibimiento se sumaron el alcalde de la localidad, el Teniente Coronel del recién creado Batallón Fuerteventura, Santiago Cúllen Verdugo, un capitán, el subdelegado de Marina, Juan Castro, y el director de La Aurora, José Castañeyra Carballo.

La fragata "Numancia", donde viajó Eduardo Cobián en su visita a Canarias, 1905. [Foto Paco Cerdeña, tomada en el Museo Naval de Las Palmas de Gran Canaria]
 
En cubierta les recibió el Gobernador Civil e hijo adoptivo de Puerto de Cabras, Joaquín Santos Ecay, que les presentó al Ministro de Marina.

Castañeyra, orgulloso de su periódico, cumplimentó a su amigo Ricargo Ruiz y Benítez de Lugo para que le presentara a los corresponsales que cubrían la visita ministerial a Canarias: Fernando Soldevilla, de "La Correspondencia de España": Clodoaldo Peñal, del "Ejército y Armada"; Francisco Barler, de "El Imparcial"; Rafael Maroto, del "Diario Universal"; Ricardo Flores, de "La época"; Prudencio Rovira, de "El Correo Español", de Buenos Aires, y Domingo Tejera, del "Diario de Las Palmas".

La lejanía de la metrópoli, periferia de la periferia, los cronistas se inspiraron... De aquella visita datan las primeras postales de Puerto de Cabras y las primeras fotos que trascendieron con vocación artística y, por supuesto, documental.

Les avisó el Ministro Cobian que la estancia sería corta, que el Rey viajaba al extranjero y quería pasarse por Lanzarote lo antes posible, para despedirse allí de Canarias. Así que a los botes -les dijo.

En el primero de aquellos botes saltaron a tierra el propio Ministro junto a su hijo, el General de marina señor García Vega, su secretario particular y un ayudante, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, Cónsul francés, Gobernador Civil, Santos Ecay y el señor Gutiérrez Sobral; les acompañaba el alcalde accidental anfitrión y el teniente coronel Santiago Cúllen Verdugo. El otro bote venía atestado con los periodistas mencionados, junto a un capitán de infantería del Batallón Fuerteventura que no cupo el primero.

Las pitadas de ordenanza sonaron a sus espaldas, provenientes de La Numancia. En el muelle la compañía con bandera del Batallón Fuerteventura rindió los honores al son de la sociedad filarmónica que allí tocaba la marcha real bajo la batuta de Claudio López Hernández o Juan Peñate Quevedo. Todos arropados por el gentío que pudo llegar a las inmediaciones para recibirles: hacia ellos se adelantaron en la Explanada con la mano tendida, los señores Presidente de Cruz Roja, Ramón Fernández, el médico civil, Domingo Hernández González, y el sacerdote, luego primer párroco, Teófilo Martínez de Escobar y Luján.

Se oyeron vivas y silvaron los voladoras hasta estallar en un cielo que escuchaba el bullicio de aquella novelería, justo cuando los botes arrimaron a las escalinatas del muelle chico.

El muelle y la explanada mostraban adornos de flores y palmas donde, entre banderas, se divisaban consignas que mostraban el aparente contento de todos. Y banderas que pendian de las ventanas a ambos lados de la calle León y Castillo, por donde la comitiva subió hasta la plaza de Nuestra Señora del Rosario, donde Iglesia y Ayuntamiento compartían un mismo edificio para sus respectivos quehaceres.

En la casa prevista para el breve reposo del Ministro, departió con el alcalde Puerto de Cabras o,mejor dicho, por quien le sustituía, José Castañeyra, pues a Juan Domínguez Peña ni se le vio, y con el representante municipal de Tuineje, y allí al ladito, en la redacción de La Aurora, hicieron lo propio la gente de la prensa, haciendo tiempo para pasar al comedor donde se ofreció un banquete para cuarenta comensales, si descontamos los comisionados de La Oliva, que llegaron algo tarde.

No hubo brindis, tan solo un agradecimiento del Ministro que, a las doce, se puso en pie para salir corriendo para el muelle donde el gentío y la tropa volvió a repetir lo de un par de horas antes mientras los botes se acercaban a las amuras de La Numancia que inmediatamente levó anclas para abandonar nuestra bahía seguida del Álvaro de Bazán, rumbo a Lanzarote y, desde allí, hacia Cádiz.

Puerto de Cabras en los albores del siglo XX. [foto facilitada por Jesús Hormiga Hormiga, 1994]
 
Y Puerto de Cabras se volvió a adormecer otros doce meses más, acunando entre las aguas de su bahía a los veleros de travesía y del cabotaje de siempre, a los vapores que esporádicamente recalaban por aquí para dar trabajo a los lanchones de don Agustín Pérez, a los la Viuda de Martín e Hijos...

Volvieron a humear los hornos de cal y yeso y el olor del millo tostado y de las moliendas se escapaba por los resquicios de los molinos... El pueblo volvió a replegarse y las fuerzas vivas a especularon con el verdadero sentido de la visita que acababan de cerrar: el año que viene -se decían- nos visitará El Rey.