lunes, 25 de septiembre de 2017

Fiestas juradas de San Miguel, ecos históricos

En la conmemoración del 277 aniversario de una "guerra"

 

Un año más celebramos las Fiestas Juradas de San Miguel pues a los santos se invocó en 1740 para repeler la incursión de los corsarios ingleses en Fuerteventura y, desde entonces, el pueblo majorero no ha dejado de escuchar los ecos de su historia.

Los documentos siguen pregonando las batallas de El Cuchillete y de Tamasite. Es el caso del escrito que el gobernador de las armas de Fuerteventura, José Sánchez Umpiérrez, dirigió al comandante general de Canarias, para darle cuenta del desembarco y ataque corsario del 13 de octubre de aquel año.
 
Recreación del desembarco de los corsarios en la Playa de Gran Tarajal, 2012. Foto de Paco Cerdeña para Cuaderno de Puerto de Cabras).
 
Entre otros pormenores, Sánchez Umpiérrez, dejaba escrito que:

"viendo yo la gran distancia y diferencia de armas en que me hallaba, y que para el vencimiento [necesitaba] más del favor divino que de lo humano, les dije en alta voz a mi gente que si Dios permitiera que fuese nuestra la victoria, los despojos y armas y otras cosas que pudiera haber, se ofrecían a dos advocaciones de María Santísima y [a] tres imágenes de especial devoción en estos lugares…"

Los corsarios ingleses que desembarcaron el día 13 de octubre fueron muertos y prisioneros en su totalidad; de los 53 que entonces pusieron pie en tierra, murieron 33 y fue apresado el resto.

Pero no escarmentados, los corsarios volvieron el 24 de noviembre, desembarcando 55 ingleses con intenciones de venganza a degüello y todos fueron degollados.

Casi 90 ingleses muertos de cuyo paradero nada se supo y es de suponer que no fueran enterrados en sagrado… Los isleños tuvieron entre cinco y siete bajas mortales que sí dejaron huella en los registros documentales.

Consecuente con su arenga a las "tropas", Sánchez Umpiérrez mandó repartir los despojos de los ingleses entre los oficiales y soldados que participaron en las riñas, y su bandera se hizo jirones para depositar un trozo en cada altar de las ermitas de los lugares cuyas gentes participaron en las batallas.

Detalle del libro de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, Agua de Bueyes (Antigua, Fuerteventura). Foto del Cuaderno de Puerto de Cabras.
 
El "trofeo" que correspondió a la ermita de Agua de Bueyes quedó inmortalizado por el mayordomo de Nuestra Señora de Guadalupe en su libro fábrica (de cuentas, visitas y mandatos) y estoy por creer que algunas de las hojas de las espadas que les tocó a los del pueblo sonaron entre los instrumentos del rancho de ánimas de la localidad durante muchos años.

Aquel trozo de bandera inglesa, recuerdo de la gesta de 1740, aún estaba en la ermita a finales del siglo XVIII, según leemos en los inventarios de mayordomía levantados por Manuel Cabrera Gutiérrez a instancias del licenciado Camacho, visitador episcopal.

Considero que el hecho histórico que conmemoramos y cuyas fiestas juradas ya han sido elevadas a respetable categoría como bien de interés cultural para la Comunidad Autónoma de Canarias, merece un reflejo espacial que ponga en valor, por ejemplo, los escenarios de las batallas, pero también incluya los lugares de procedencia de todos los contendientes majoreros.

Algo así como lo que ya se hizo con las esculturas que, recortadas en forma de siluetas de acero, se colocaron a la entrada y salida de Tuineje. Ser consecuentes, por ejemplo, con las representaciones que se vienen haciendo en Antigua, Pájara o Tarajalejo, donde además de hacer sonar las cajas de guerra y la cantata, convendría plasmar el recuerdo en la forma plástica dicha.

Que, en definitiva el ruido de la guerra y la matanza sirva de pretexto para introducir, además de la música y los cantos, aspectos sociales y organizativos de la vida majorera en el XVIII, convidando a los que nos visitan y a los que aquí residen a detenerse y conocer nuestro patrimonio histórico, de dónde venimos.
 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dar a cada uno lo suyo: Pioneros de El Charco

Una aclaración necesaria: Miguel Gil estuvo entre los pioneros


Días atrás dedicábamos una de nuestras entradas a los orígenes del barrio de El Charco, en Puerto del Rosario; marcábamos allí algunos de los hitos constructivos y a la vez que citábamos a la tiendita de Andrés Fabricio en la calle Juan XXIII, quisimos poner el almacén que tuvo Miguel Gil Martel en la calle Gran Capitán, esquina a Almirante Lallemand. Y nuestros lectores-colaboradores, como no podía ser de otra forma, me avisaron de que no fue dicho Gil el que montó el almacén, sino Alonso Hernández.

Me había expresado mal. Lo que se intentó decir trayendo a colación aquellos negocios fue que ambos negocios, como los hornos o la carpintería de Mingoro, eran testigos arquitectónicos de la urbanización que progresaba hacia la Rosa del Viejo.

Justo es reconocerlo. Solo quisimos fijar, insistimos, uno de los hitos en el desarrollo urbanístico de la zona mencionada en el almacén que regentó Miguel Gil, pero sin voluntad de elevarlo a categoría de fundador, ni mucho menos; hubo otros, efectivamente, como nos recuerda Victoriano Machín.

Y Nano, como Tomás Chocho, insistía: el almacén del consorcio lo hizo Alonso Hernández, de quien Miguel Gil lo adquirió y continuó como almacenista al por mayor. Porque, decían, dicho Alonso estaba vinculado a la oficina de abastos, de la que no recordaban otros funcionarios que Juan Martín Alonso, Pepe Melián y el que ahora nos ocupa.

Pero ¿quién era Alonso Hernández?

Alonso Hernández y Hernández fue un mayorista que tomó el relevo a la casa comercial que Luciano Vega Ramírez abrió en Puerto de Cabras en tiempos del Mando Económico de Canarias (1941-1946) y actuaba como representante de la Delegación de Abastecimientos y Transportes. Es decir participaba en el transporte y distribución de los artículos de racionamiento en la isla.

La sede de aquella empresa estuvo en varios locales del Puerto: en la calle Juan Domínguez Peña, junto al depósito de víveres de la Intendencia Militar de Fuerteventura y en la calle León y Castillo, donde hoy está el Camelot. Era lo que muchos recordarán como El Consorcio de Abastos o, simplemente el Consorcio (algún día habrá que contar la trayectoria de este local que también sirvió de acuartelamiento de tropas expedicionarias en tiempos del Mando Económico, y acogió a la sede insular de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en la década de 1950, entre otros usos).

Cierto es que a nosotros nos confundió un detalle de la historia del barrio de El Charco: el colegio Primo de Rivera, primer edificio que se construyó en Puerto del Rosario con fines estrictamente docentes, lo construyó el Mando Económico sobre terrenos del armador Andrés Rodríguez González que denunció la usurpación por tener allí aljibe para aguada de sus barcos, en lugar relativamente cerca del carenero de la zona; que dicho naviero tenía entre sus descendientes a quien sería esposa de uno de los empleados de Alonso Hernández, justo el que mencionamos como aparente pionero.

Por nuestra parte, seguimos repensando nuestra historia local con aportaciones como las que aquí han quedado reflejadas. No obstante, para quienes lo deseen, este barrio de Puerto del Rosario ya cuenta con un libro escrito por sus propios vecinos a través del grupo comunitario coordinado por Inmaculada de Armas Morales en 1999, disponible en PDF en la Web de la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario.
 
Don Victoriano Machín, "Nano"
 

martes, 19 de septiembre de 2017

Fundación de la ermita de El Cotillo, 1680

A principios de la década de 1980 transcribí el documento que puede leerse a continuación. Es una memoria testamentaria de un personaje de la Historia de Fuerteventura cuyo retrato -de los mejores del siglo XVII en la isla-, estaba restaurando Lorenzo Mateo. Lo había adquirido el Cabildo Insular y Mateo realizaba estos trabajos artísticos.
Yo buscaba información para mi trabajo sobre las ermitas de Fuerteventura. Y cuando uno está enredado en los documentos de nuestro pasado, realiza una labor que muchas veces resulta ingrata, pero cuando tenemos ante nosotros la imagen del personaje que tratamos, que nos habla, el esfuerzo reconforta: Don Sebastián Trujillo Ruiz me decía que había fundado una ermita en Tostón o El Cotillo. Por eso lo comparto para disfrute de quien desee leerlo. No es una trascripción paleográfica, he regularizado buena parte del texto para hacerlo más asequible.


Memoria Testamentaria. Escribano, Alonso Vázquez de Figueroa.- Betancuria, 7 de junio de 1680.- Otorgante, Sebastián Trujillo Ruiz:

Retrato del Sargento Mayor Sebastián Trujillo Ruiz, adquirido y restaurado por el Cabildo de Fuerteventura [Foto de Lorenzo Mateo]


“Sepan cuantos esta carta vieren como yo el capitán y sargento mayor Sebastián Trujillo Ruiz, familiar del Santo Oficio de la Inquisición de estas islas, y vecino de esta isla de Fuerteventura, otorgó y conozco por esta presente carta y digo que por cuanto en el pago del Puerto de Tostón de esta dicha isla tengo una ermita para colocar en ella la imagen santísima de nuestra señora del Buen Viaje para que en ella se diga y celebre todos los días festivos del año misa y disantos del para que el culto divino sea ensalzado y los fieles y vecinos de aquel pago tengan gran consuelo para lo cual ha obtenido licencia de su señoría ilustrísima el señor obispo de estas islas con calidad que tengo de dotar la fiesta de la dicha imagen que se ha de celebrar el día veinte y uno de noviembre de este presente año a la festividad de la presentación de nuestra señora la primera y de ahí en adelante como fueren cayendo dichas festividades para siempre jamás la cual dotación he de imponer sobre bienes ciertos, seguros, valiosos y cuantiosos, para que los señores beneficiados puedan ir a celebrar dicha fiesta pagándoles por ella treinta reales en cada un año y yo lo he tenido por bien.
Por tanto en aquella vía y forma que más y mejor haya lugar de derecho por mi y mis herederos y sucesores presente y por venir y quien de mi o de ellos hubiere causa, título, voz o razón, en cualquier manera que otorgo escritura de dotación a favor de la dicha ermita y que doto la dicha festividad de nuestra señora de Buen Viaje desde hoy en adelante para siempre jamás y que daré y pagaré yo y los míos y quien me representare en el derecho de los bienes de que se hará mención de treinta reales en cada un año por el dicho día veinte y uno de noviembre de cada un año a los señores beneficiado que son y fueren adelante sucesivamente una paga en pos de otra como se fueren cumpliendo los cuales dichos treinta reales impongo y sitúo y señalo sobre mi persona y bienes especial y señaladamente sobre el cortijo de tierras, casas y atahona y aljibes del pago de  Tostón para que de sus frutos y rentas los puedan haber y cobrar los dichos señores beneficiados para siempre jamás con calidad que yo y los míos hemos de ser obligados a poner la cera que fueren decente el día de la dicha festividad la cual mandé hacer servir y llevar para sí los dichos señores beneficiados.- Y asimismo han de estar y quedar desde ahora para siempre jamás el dicho cortijo de tierras, casa, atahona y aljibes de dicho pago de Tostón sujetos, gravados e hipotecados sus frutos, renta y aprovechamiento para los reparos y menesteres, ornamentos y demás cosas necesarias y que fueren convenientes para la dicha ermita que esté con toda decencia sin que se pueda poner por mi ni los míos embarazo alguno ni decir ni alegar cosa que nos aproveche porque primero y ante todas cosas se ha de acudir a los reparos y menesteres de la dicha ermita que a otra cosa alguna para lo cual se me puede  ejecutar y a los míos en nuestras personas y bienes y especial y señaladamente en los dichos bienes ya referidos y a que así lo cumpliremos me obligo y a los míos en la más bastante forma que hay lugar en derecho y el poderío a las justicias y jueces de Su Majestad que nos lo manden guardar y cumplir como sentencia pasada en cosa juzgada; renuncio las leyes y fueros y derechos de mi favor y la general de informa en testimonio de lo cual otorgué la presente en la Villa de Santa María de Betancuria, isla de Fuerteventura en siete días del mes de junio de mil seiscientos ochenta años y el otorgante que yo el escribano doy fe conozco lo firmó de su nombre siendo presentes por testigos Salvador Francisco, Domingo Hurtado Vetancur y Lázaro de Sanabria, vecinos de esta isla.- Sebastián Trujillo Ruiz, ante mí, Alonso Vázquez de Figueroa, escribano público.
Concuerda con su original que ante mí pasó con el cual lo corregí y conserté y va cierto y verdaderos a que me remito, por verdad lo firmé y signé en Fuerteventura a tres días del mes de agosto de mil seiscientos ochenta y cuatro años.
En testimonio de verdad.- Alonso Vázquez de Figueroa, escribano público, rubricado.”



La ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, en El Cotillo o Tostón, en 1980, [Foto aportada por Paco Cerdeña]
 
 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Buques fruteros en Puerto del Rosario

El "Monte de La Esperanza", de la Naviera Aznar, comenzó su ruta quincenal uniendo Fuerteventura con Inglaterra en 1964. Su misión era el traslado de la producción tomatera que se generalizó por la isla en la primera mitad de la década de 1960.
 

"Ciudad de Alcira", de la Compañía Trasmediterránea.

El Cabildo de la isla no pasó por alto las nuevas expectativas comerciales para Fuerteventura y para Puerto del Rosario en particular. Obsequió al capitán del primer buque de la ruta tomatera con el exterior con una placa conmemorativa.

La prensa de la época recogía así la noticia de estas singladuras:

"...acudirá por primera vez a Fuerteventura para inaugurar el servicio frutero directo Fuerteventura-Inglaterra.- La exportación de tomates... fue en la pasada zafra de un millón de ceretos. Este año hay mayor cantidad de fruta como consecuencia de las mayores lluvias registradas en el pasado invierno y en el actual. De momento, el servicio de la Naviera Aznar con Fuerteventura será quincenal"

De la misma naviera, "el monte ulla" llegó en el mismo y con la misma función al Puerto de la Luz, desde donde vino el que nos ocupa.

El frutero "Monte de la Esperanza" saldría de La Luz con escala en Puerto del Rosario y destino Dublín y Liverpool. En nuestro puerto recogió la partida que Fuerteventura enviaba al mercado inglés... En esas mismas fechas la consignataria "FRUCASA" anunciaba el envío de algunos buques fruteros que despacha a cargar el tomate de nuestra isla.

Por Entonces Puerto del Rosario atisbó un cambio de signo en las exportaciones y la actividad de sus muelles. La cal daba paso, poco a poco, al cemento, y el tomate propició mejoras importantes con la construcción de tinglados de sombra.

El Matorral, cercano al actual aeropuerto de Fuerteventura, experimentó un considerable incremento de población durante las zafras tomateras: el cultivo se extendió por el tablero de la vista y desembocadura del barranco Goroy; las aguas salobres del pozo de la finca de La Marina y de la Rosa de Abajo propiciaron una importante producción; se extendió el cultivo por los tableros aledaños a lo que hoy es aerodromo internacional, y las gentes llegaban alli de toda la isla, el pueblo logró su escuela y se planteó la ermita.

Se aprovecharon viejas pistas militares para sacar la fruta de Salinas del Carmen y del barranco de La Torre, donde, ya dentro del término de Antigua, el cultivo del tomate ocupó aquel entorno.

También en Casillas, Tesjuates y Las Parcelas, se pusieron en explotación viejas zonas comunales que se cedieron temporalmente a los colonos para cultivar tomates. Se repararon pistas y caminos para sacar la producción.

Hasta entonces el tomate majorero, como tantos otros productos de la isla, salía principalmente desde Gran Tarajal principalmente a bordo de los vapores y motoveleros de la flota de Antonio Armas Curbelo que hacían el trasbordo a los fruteros atracados en el Puerto de la Luz de la capital Gran Canaria.

martes, 15 de agosto de 2017

Fuerteventura en la retaguardia: 1937

Una visita oficial a Fuerteventura en 1937
Que nuestra isla había quedado "automáticamente" en el bando de los sublevados contra la República Española, como casi toda Canarias, nos lo reflejan crónicas de viaje como la que publicó Sebastián Jiménez Sánchez en 1937.
Este autor, vinculado a la sociedad El Museo Canario, donde a la sazón desempeñaba las tareas de secretario, publicó mucho sobre la arqueología de las islas orientales y en la crónica que nos ocupa nos colocó bajo el prisma de la observación etnográfica y la lupa de la nueva realidad política que se imponía en el archipiélabo: la comitiva venía -según escribió- a redimir a Fuerteventura del secular atraso elaborando un informe del que se derivarían algunas obras hidráulicas y viarias para la isla, algunas ya iniciadas en la etapa anterior.
Y como en los tiempos finales del siglo XIX, se pasearon por nuestro terruño isleño que se les antojaba exótico y atrasado más allá de Puerto de Cabras o de Gran Tarajal; algunos miembros de la expedición buscaban los tesoros olvidados por la Historia en Fuerteventura, lamentándose, por ejemplo, de que algún templo no estuviese en Gran Canaria para ser admirados por todos (!¡).
Dejando a un lado el aspecto político del viaje oficial de las autoridades y técnicos que le acompañaban, y de la vertiente propagandística y organizativa en tiempos de Guerra Civil, de tiempos en que majoreros como Matías López Morales "morían como quienes decían ser" en La Isleta, nos centraremos en subrayar algunas de las ideas preconcebidas que se tenía acerca del patrimonio histórico majorero.
Porque de este viaje el propio Jiménez Sánchez (1904-1983), levantó acta del día a día de la expedición y lo plasmó sucintamente en la publicación "Viaje Histórico Anecdótico por las islas de Lanzarote y Fuerteventura" que vió la luz, como dijimos, en el "Segundo Año Triunfal", y del que nuestro Cabildo Insular compró, al año siguiente, varios ejemplares para repartir entre las escuelas.
Y porque la sensibilidad de este autor con nuestra isla quedó reflejada a través de sus cargos: dos años después del viaje asumiría el de Comisario Insular de Excavaciones Arqueológicas de Gran Canaria y Comisario Provincial en 1941; razones por las que repitió sus viajes a Lanzarote y Fuerteventura en las décadas posteriores, dando luz sobre el pasado aborigen.
En la expedición de 1937 -tenemos que mencionarlas- venían autoridades y técnicos de Gran Canaria para recorrer y estudiar las otras dos islas del grupo oriental para proponer opciones y proyectos de "redención" ya que a sus ojos, ambas islas estaban faltas de protección.
Además del autor, la comisión estaba integrada por las siguientes personas y autoridades:
- Presidente dela Mancomunidad Interinsular de Cabildos de Las Palmas, sr. De la Nuez.
- Presidente del Cabildo de Gran Canaria, sr. Limiñana.
- Presidente de la Junta Provincial del Paro Obrero, sr. Pérez Conesa.
- Jefe del Grupo de Puertos de Arrecife, sr. González Negrín.
- Ayudante de Obras Públicas y Jefe de la Sección de Obras del Cabildo de Gran Canaria, sr. Benítez Padila.
- Ayudante Principal de la Junta Administrativa de Obras Públicas de Las Palmas, sr. Madera Pérez.
 
Estos siete "magníficos" fueron recibidos en Gran Tarajal al amanecer del día 9 de julio, despúes de menearse una noche en el correíllo La Palma. La recepción oficial en el muelle de aquella localidad corrió a cargo del Delegado del Gobierno en Fuerteventura, Gerardo Bustos y Cobos (forense de Puerto de Cabras), del Presidente del Cabildo de Fuerteventura, Ramón Peñate Castañeyra (Comerciante y responsable del suministro eléctrico de la capital), del Alcalde de Tuineje, Juan Morales (falangista y maestro nacional), y del Alcalde de Puerto de Cabras del que no sé por qué no da su nombre, yo lo hago: Ceferino Erdozaín Elizalde (luego sustituido por el falangista Juan Medina Berriel).
Ante de iniciar su recorrido por la isla picaron algo en casa de don Esteban López y se dirigieron en guaguas a Tuineje, donde visitaron las obras de la casa consistorial y la iglesia.
Luego subieron a Pájara, donde visitaron su templo y donde el señor Benítez Padilla se hartó de hacer fotos y de tomar muestras petrológicas para El Museo Canario, al que también estaba vinculado.
Camino de la Villa se detuvieron para contemplar las obras del embalse de la Peñitas mientras Benítez y Madera recorrían la cuenca para recoger muestras.
Se asombraron de los exvotos y ¡fotografías dedicadas a la Virgen! por los favores recibidos de la patrona insular colocados en su Santuario de Vega de Río Palmas.
En Betancuria se explayó Jiménez Sánchez, lamentándose por el expolio de la iglesia de San Buenaventura y del Convento Franciscano y trayendo a colación al único que había denunciado el desatino desde su puesto en la Academia de Bellas Artes, el señor Anasagasti.
A mediodía del 9 de julio se dieron la vuelta y, sobre sus pasos, tornaron a Tuineje para, desde allí, visitar Antigua y atajar camino por Triquivijate en dirección a Puerto de Cabras, donde les aguardaba el opíparo almuerzo que les ofrecían las autoridades locales e insulares en la fonda de La Herreña.
Y con las barrigas llenas y los ánimos acuosos por los efluvios báquicos, recorrieron el Puerto de Cabras en tiempos de la Guerra Civil, silencioso y blanco, solitario y triste a aquellas horas de la tarde en que muchos de los habitantes sentían la ausencia de los movilizados en el frente.
El párroco Bruno Quintana y los falangistas Francisco Medina y Donato Cabrera hacían de cicerones en el vespertino paseo, aguardando bajar la comida para emprender el camino de La Oliva, cosa que hicieron al atardecer, con la fresca.
Y allá los recibió el alcalde olivense cuyo nombre no menciona pero que yo les digo: Marcial Viñoly Ravelo, y el secretario del ayuntamiento, junto al Jefe Local de Falange, Ildefonso Chacón Pérez; comieron en casa de la dueña de la tiendita cuyo nombre lamento no recordar, y se fueron a dormir como coroneles en la Casa de la Marquesa, adonde habían sido invitados por Cristóbal Bravo de Laguna.
Amaneciendo el día 10 de julio visitaron las obras del consistorio, ¡los aljibes! y el templo de Nuestra Señora de Candelaria acompañados por las autoridades locales antes dichas. Luego, en coche, emprendieron viaje a Tostón pasando por Lajares. Y allá, en la orilla, anotaron la conveniencia de construir un muellito dando la espalda a la torre-castillo a la que el autor niega valor alguno.
Se dieron la vuelta y, para el Puerto, pasando por la Matilla y Tetir que apenas habían visto la víspera y que entonces patearon, al menos los dos curiosos Benítez y Madera, que llegaron hasta La Herradura, tomando datos para la presa que allí se construiría.
Había llegado el día señalado para el objeto de la misión: constituir la Junta Insular Administradora de los Fondos del Paro Obreroel 10 de julio. Se verificó en el salón de la Delegación de Gobierno, que es lo mismo que decir en el del Cabildo de Fuerteventura, nombrándose presidente de dicha junta al Delegado del Gobierno, un consejero de cabildo como secretario-contador, un vocal técnico en la persona de Ruperto González Negrín y por el Jefe Insular de FET y de las JONS.
 
 
Colofón de aquella reunión constitutiva fue el almuerzo ofrecido por el Cabildo, tras el cual encomendaron al capitán del motovelero "Bartolo" que operaba en la bahía, que los recogiera al despuntar el día siguiente en Corralejo, pues ellos salieron de nuevo a pasar la segunda noche en la Casa de Los Coroneles.
Antes de regresar a La Oliva, se acercaron al Casino de Puerto de Cabras, donde el señor Benítez Padilla recibía de Francisco Medina Berriel, para El Museo Canario "unos manuscritos antiguos de cierto valor histórico, relativos a fundaciones y mandas religiosas en la iglesia de San Pedro de Alcántara de Ampuyebnta, y otros legajos referentes a particiones testamentarias de principales familias y declaraciones de cristiano viejo". Si escuchamos lo que escribió el autor, junto a las toscas y piedras que ya cargaban como muestras, se llevaron esta parte del patrimonio documental majorero y de la historia de Ampuyenta.
Aquel atardecer del día 10 de julio emprendieron la marcha hacia La Oliva, no sin antes detenerse en el recién terminado depósito de aguas junto al Camino del Time, a la salida de Puerto de Cabras, hoy conocido como La Charca.
Tras remontar la Cuesta de Perico contemplaron la explanación de un campo de aterrizaje para la aviación de 500x600 metros cuadrados, junto a la carretera; aquel que luego sería Aeropuerto de El Viso, cerca de Los Estancos.
Cenaron en la hospedería regentada por la dueña de la única tienda del pueblo, de cuyo nombre sigo sin acordarme, en La Oliva y se fueron a dormir -por segunda vez- a la mansión de los coroneles para levantarse muy temprano el 11 de julio; habían de llegar a Lajares, donde contrataron con tres camelleros la caravana de cuatro bestias que los acercaría a Corralejo.
Pronto avistaron las dos lenguas de mar que separaban las tres islas (Fuerteventura, Lobos y Lanzarote); a unos quinientos metros de Corralejo lucía fondeado el motovolero "Bartolo".
A hombros de porteadores, en la playita, subieron a las dos lanchas que los acercaron al barco en que cruzarían la Bocaina rumbo a Lanzarote.
Dos días después, el 13 de julio, a las tres de la tarde entraba en la bahía de Puerto de Cabras el correíllo "Gomera", a cuyo bordo venían los miembros de la comisión que nos había visitado con la intención de ver lo que se perdieron de Fuerteventura cuando atajaron por Triquivijate el día 9, rumbo a la capital, o sea: Casillas del Ángel y La Ampuyenta y, de allí a Gran Tarajal donde cenaron en casa del consejero de Cabildo Lucas de Saa Camejo y, a las diez de la noche embarcaron en el "Gomera" para regresar a Gran Canaria.

 


[La obra que hemos glosado se puede consultar en Memoria Digital de Canarias, de la ULPGC]

lunes, 19 de junio de 2017

El Charco. Entre el carenero y las fábricas de cal

Notas sobre el desarrollo de El Charco.
Puerto del Rosario.
 

En el único mapa del Puerto de Cabras del siglo XIX, ya se observa el carenero de El Charco y las casas que lo rodeaban, hornos incluidos. Es, por ahora, la única expresión cartográfica de la trama urbana cuyo diseño se atribuye a uno de sus primeros pobladores, Diego Miller, y es el dibujo del germen de lo que hoy es Puerto del Rosario: sus calles y edificios singulares, sus playas. Se levantó, como sabemos, en 1885... Pero demos un salto en el tiempo para centrarnos en lo que, de verdad, convulsionó las expectativas de crecimiento urbano en aquella zona.

Acabada la Guerra Civil española, en 1940-1941 se asentaron en Puerto del Rosario los acuertelamientos militares junto a la entrada y salida del muelle grande que se iniciara en la década anterior, como punto estratégico de comunicaciones y suministros ya que la infraestructura aeroportuaria se ubicó por entonces en los llanos de Tefía.

Y el sitio elegido para los cuarteles fue loma que se situaba a poniente de la Laja Negra, donde, de antiguo, había lonjas y viviendas de pescadores procedentes, en su mayoría, del término de La Oliva y que, finalmente, fueron desplazados más al norte-naciente por las residencias de oficiales y suboficiales que se construyeron en 1944.
 
 

Aquel primer desplazamiento de habitantes originó la Barriada de Señor Ruperto, Las Lonjas o Las Lojas, que se construyeron por el Ayuntamiento alineadas a las que para los militares se hicieron al norte del cuartel, y con fondos del Mando Económico de Canarias, en la prolongación de la que hoy es calle Cte. Díaz Trayter.

También los hornos y almacenes sufrieron un desplazamiento hacia Punta Gavioto, con la consiguiente prolongación de viales para llevar la piedra y acarrear la cal hasta los muelles. Y permanecieron, en cambio, los cuartos de los carpinteros de ribera junto al charco.

La primera dotación de equipamientos que se hizo a favor de aquellas gentes del barrio fue el Grupo Escolar Primo de Rivera, de 1945.

Y a las viviendas de la barriada citada se fueron arrimando las de quienes procedentes del norte de la isla continuaron llegando a esta parte de la ciudad en un flujo que con intermitencias se mantuvo a partir de la década de 1950. Médico, juez y empresarios fueron sentando las primeras viviendas que irían pergeñando la prolongación de la avenida Ruperto González Negrín en lo que hoy se llama calle Almirante Lallemand y antaño fue simplemente "calle del Charco", por laorilla. Entre 1955 y 1960 sobrepasaron el medio centenar de casas.

Atentos a la demanda de servicios de esta población y a las necesidades de la intendencia militar, se abrieron establecimientos comerciales mayoristas como "El Consorcio", de Alonso Hernández, (luego comprado, según Tomás Chocho, por Miguel Gil Martel) y algunas tienditas de ultramarinos, como la de Andrés Fabricio, que junto a Las Salinas del Viejo (1953), el Matadero de Los Pozos (1956) y la multitud de pequeños comercios, paliaron las necesidades de un vecindario en continuo crecimiento.

La segunda promoción pública de viviendas en El Charco vino de la mano del Instituto Social de la Marina, con treinta y seis casas en la conocida como "barriada de los pescadores", el la década de 1960.

El cine también llegó al barrio a finales del 1960 gracias a la promoción de Casto y Guillermo Martínez Soto bajo denominación de "Cine Marga" (por su padre, Casto Martínez Gallego), y sirvió durante varias décadas al resto de la ciudad y de la isla.

Y sobre el Charco las industrias llamadas a cubrir las infraestructuras básicas para Puerto del Rosario y Fuerteventura: tanto la planta potabilizadora como la planta eléctrica empiezan a funcionar sobre el suelo de la antigua Salina del Viejo, en la década de 1970.
 
 

Cubiertas las necesidades básicas el ya Barrio, con mayúsculas, se organiza en asociaciones vecinales, la Virgen del Mar (1983), la de Las Lojas (1986), y abre un pequeño oratorio al culto católico en honor y advocación de la Virgen del Mar.

Allí abrieron sus puertas el Centro Cultural del Charco y la sociedad Herbania construye su sede trasladándose desde la barriada de las 56 viviendas hasta la orilla del mar, junto al popular carenero y carnadero del viejo Puerto de Cabras, al que también se asoma el Centro de Arte Juan Ismael que se construyó en el solar y respetando la fachada del recordado Cine Marga.

Entre sus valores arquitectónicos patrimoniales aún podemos ver el Cuartel, las casas sencillas fruto de la autoconstrucción de las décadas de 1950 y 1960 y los hornos de Punta Gavioto. Elementos todos que siguen ahí esperando su integración a través del paseo marítimo y de las nuevas infraestructuras culturales programadas.

En el populoso barrio de El Charco, pues, nos encontramos con cuatro fábricas de cal con distinto grado de conservación. Se ubican en el entorno de las calles Teniente Coronel Benedicto, Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y Tomás Morales, presentando el más antiguo (de Los Suárez) vestigios de una rampa que se prolongaba en el marisco, y comparte su edad con otro cercano del que no tenemos datos. Los otros dos son de mayor porte.

 

1, horno de los Berriel, 1946, dos hornillas y aljibe en la esquina sur-naciente. Tenía otras estructuras de viviendas y oficinas hoy derruidas. Aunque no se conservan los tinglados de carga a camiones, dadas las cimentaciones contiguas, supongo que las debieron tener similares a las de don Federico o Punta de Gavioto; lo que si es claro que en ambos se utilizaron vagonetas sobre raíles que unían la hornilla con los almacenes de carga. Por la rampa trasera (que se desarrolla en grandes proporciones) subían los camiones para volcar el carbón de antracita y la piedra junto a las bocas, donde se partían y en carretillas se echaban para cocerlas. El aljibe era la estructura indispensable para abrir la cal viva.

Este, como el de don Federico o el de Punta Gavioto utilizaban camiones para trasladar la cal al muelle comercial.

 

2, horno de los Suárez, quizás el más antiguo, presenta una estructura circular con dos escalerillas de piedra que desde la rampa trasera de aproximación del combustible y la piedra entera, llegaba a la boca del vaso, donde con perolas y a hombros se vertían para cocimiento.

Presenta igualmente estructuras de vivienda-oficina asociadas, posiblemente construidas mucho después que el horno en sí. Es el único que presenta vestigios de una rampa que desciende al marisco, por lo que no me extraña que aquí se utilizara el "saqueo": de la hornilla a los sacos y estos, en carretilla, hasta la rampita para, a hombros acercarlas a los lanchones que las llevaban al velero. Fue el sistema utilizado en La Guirra y que decayó ante las nuevas estructuras mucho más industrializadas, con empresas que en sus propios camiones acercaban la cal al muelle para su embarque.

Como singularidad la estructura presenta dos estribos que flanquean la hornilla y sustenta el peso de la estructura dado el desnivel en que se ubica.

 

3, horno sin datos, el siguiente, al norte del de Los Suárez. También es bastante antiguo, de estructura circular desarrollada en círculos concéntricos que se van reduciendo en altura, próximos a la boca del vaso. Debió cargarse, si no a hombros, si con carretillas; dadas sus dimensiones no parece que los camiones trepasen por la rampa trasera. Presenta vestigios de almacén y vivienda-oficina contigua. Es el que peor se conserva como puede verse en las fotos.


4, horno de don Federico, "el rey de la piedra de cal", en Punta de Gavioto. El más complejo y diversificado, pues conserva vivienda, oficina, tinglados de carga y almacenes a escala industrial. En origen tuvo dos hornillas y, por consiguiente, dos vasos, (como el de los Berriel), pero se amplió al costado norte de aquellas con una nueva hornilla con un diámetro de vaso dos veces superior al de las otras dos. Allí se empleó ladrillo especial, posiblemente refractario como puedes ver en los detalles exteriores de las hornillas, aunque en su interior están enfoscadas. La curiosidad que éste y el de los Berriel presenta es el empleo de hormigón y cemento.




El apagón de los hornos y de la industria calera:

Cuando en 1974 don Manuel Castañeyra Schamann solicitaba al ayuntamiento permiso para el derribo de local de oficinas y archivo de la empresa Hornos de Cal Risco Prieto, posiblemente estuviera cerrando una etapa económica que propició años atrás la proliferación de hornos de cal por el entorno de Puerto del Rosario.

En las década de 1940 y 1950 se construyeron hornos de tipo industrial en todo nuestro litoral, a la vez que, por el muelle comercial (el muelle grande de antaño) se exportaba piedra caliza hacia las islas Gran Canaria y Tenerife. Fue aquella la etapa de la "carga blanca", por ser la piedra de cal y sus derivados la mercancía que mayoritariamente se exportaba.

Pero los hornos ya estuvieron entre nosotros de los primeros tiempos de Puerto de Cabras, registrándose datos de exportaciones puntales de calizas desde los primeros momentos de la ocupación europea de Fuerteventura.

Y ahí siguen, desafiando al abandono y al tiempo unas estructuras industriales que tal vez encuentren algún día la protección que merecen y por la que apostamos.

La documentación se empeña en rescatar las figuras de empresarios e instalaciones a través de un censo de 1954 en el que se recogen 20 hornos:

 
- Federico González Luís (el Rey de la Piedra de Cal), con 3 hornos
- Santiago Morales Saavedra, con dos
- Manuel Bordón Falero, con 3
- Julio Vega Hormiga, con 2
- Carlos Suárez Ruiz, con 1
- Juan Pedro Armas Chacón, con 1
- Juan Berriel Jordán, con 2
- Jacinto Lorenzo Rodríguez, con 2
- Vicente Felipe Domínguez, con 1
- Juan Martín Alonso, con 2
- Claudio Travieso Mederos, con 1

A día de hoy, sólo los hornos de la Guirra, en el término municipal de Antigua, han merecido la figura de protección dispensada por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, y suponemos que el Cabildo incoó su expediente en momentos inmediatos a la construcción del Centro Comercial Atlántico, pasando una vez construido éste, a integrar parte del paseo marítimo de la zona.

miércoles, 7 de junio de 2017

Gerardo Jorge Machín (1933-2017) en 1964, [foto del archivo digital de Paco Cerdeña]
 
Se apagó otra de las voces importantes de Fuerteventura,

Murió Gerardo Jorge Machín

 

Medalla de Oro de Canarias (2004), Cronista Oficial de Fuerteventura (2005), Medalla de la Ciudad de Puerto del Rosario (1995). Gerardo pertenecía a una de las familias más antiguas del viejo Puerto de Cabras; por partida doble, por los Jorge y por los Machín.

Retirado hace unos años de la vida pública, a sus espaldas llevó por muchos años la responsabilidad de ser la "La Voz de Fuerteventura" en los medios informativos locales, regionales y nacionales. Y aunque se le otorgase el título de Cronista Oficial de la Isla, él, de facto, lo fue siempre, y como él mismo llamó al compañero y amigo en las tareas informativas, Juan José Felipe Lima, cuando falleciera en enero de 1969, Gerardo Jorge Machín, LA VOZ DE FUERTEVENTURA, se apaga y, con ella se nos va un montón de páginas de la historia de Puerto de Cabras…

Pero en el recuerdo imperecedero quedará su memoria que es la memoria de la isla durante más de cuarenta años: Orgulloso se sentía de haber cubierto la estancia del canciller alemán Willy Brandt en la isla y frustrado cuando la censura apagó la noticia, su trabajo, sobre el accidente paracaidista de Tefía en la operación "Maxorata 72". Sus crónicas, sus reportajes, sus entrevistas y sus opiniones quedan ahí, en los periódicos en los que escribió; su voz en los archivos de radio, y su imagen, en los archivos de RTVE, como un reto para que los estudiosos le coloquen en el puesto que merece estar. Una biografía, la del Cronista Oficial de la Isla, que está por escribirse.

A don Gerardo Jorge Machín, las gracias por haber servido muchas veces de fuente escrita para el estudio del Puerto.

A sus hijos, a su familia y amigos, mi más sentido pésame por la irreparable pérdida.

lunes, 3 de abril de 2017

La lucha por la ampliación del muelle en 1957

Otro de los episodios que puso de relieve la apuesta por el muelle de Puerto del Rosario fue protagonizado por don Miguel Velázquez Curbelo (1911-1980).
 
En las fiestas del Rosario de 1957 fui testigo de otros de los episodios que enfrentaron a Gran Tarajal y Puerto del Rosario, un hecho que se repetía desde que en la década de 1890 los del Puerto hicieron su muellito municipal. En esta ocasión fue don Miguel Velázquez Curbelo, en calidad de alcalde del municipio (1950-1958) y consejero del Cabildo (1955-1958).

Don Miguel, último alcalde Puerto de Cabras y primero de Puerto del Rosario, había asumido la presidencia municipal en 1950 y desde entonces le cupo protagonizar importantes obras públicas en el área de vivienda, de abastecimiento de aguas, edificios institucionales, prisión... y también estar presente en la pugna por las ampliaciones del muelle de Puerto.

Como capítulos importantes relacionados con la industria y la agricultura aparecían en la economía insular, entonces alejada del monocultivo del turismo: la piedra de cal, el tomate y la alfalfa. Una fuente de ingresos para los empresarios de aquellos sectores y también para el Cabildo Insular, por el monto de arbitrios sobre importación y exportación.

(foto del libro "Los Presidentes del Cabildo de Fuerteventura. 1913-2013"
 
En una importante sesión del Cabildo Insular de Fuerteventura, don Miguel Velázquez Curbelo, alcalde de Puerto del Rosario, pedía la ampliación, en cien metros, del muelle de la capital; el consejero don Juan Guerrero García, defendía al de Gran Tarajal, argumentando que por éste salía toda la exportación de tomates.

La sesión se celebró el pasado miércoles… bajo la presidencia del titular, Istmo. Señor don Roque Calero Fajardo y con la asistencia de los consejeros don Manuel González Rosales, don Juan Rodríguez Pérez, don Miguel Cabrera Méndez, don Miguel Velázquez Curbelo y don Juan Guerrero García.

La moción del alcalde de Puerto:

Detalle del muelle de Puerto del Rosario, (foto aportada por Paco Cerdeña)
Don Miguel Velázquez Curbelo vino a decir que creía que era una facultad del Cabildo prestar apoyo a las realizaciones que tengan rango de mejora insular. Que el Ayuntamiento de Puerto del Rosario pidió al Director General de Puertos se ampliara en cien metros el muelle existente (el muele grande o comercial, pues ya Puerto tenía dos muelles), basándolo en estos razonamientos: Las realizaciones en un futuro próximo del Plan Trienal por el que se adoptó a Fuerteventura, entre las que figuraba la construcción de un embalse con capacidad para tres millones de metros cerca de la capital; el sistema de engaviado y enarenado del Plan Trienal; los proyectos de tipo industrial, entre ellos el de la firma Sansó, de Barcelona, para fabricar cemento, la proliferación de hornos e industrias de la cal próximas a la bahía; las condiciones técnicas de la ensenada de Puerto del Rosario y su situación estratégica militar.

Defendía el consejero y alcalde que el Puerto del Rosario es el punto geográficamente indicado para realizar operaciones de exportación directa en barcos de gran tonelaje (como lo demostraron los fruteros que se acercarían en la década siguiente para cargar tomate con destino a Europa) y que "mirando a los intereses de los majoreros, y no a los particulares de un pequeño núcleo ( en referencia a Gran Tarajal), o los de absorción nefasta para ellos de alguna otra isla del Archipiélago, hay que hacer que se vuelque en ese puerto toda iniciativa de ese orden". Afirmaba don Miguel que "no se podía pensar que la riqueza de la isla sería siempre la misma, y que lo mismo que ocurrió con la cochinilla y la barrilla, podría ocurrir con otros cultivos de hoy. Que era ridículo pretender que hubiese tantos puertos como playas, y que si la experiencia demuestra que está la isla predestinada a tener un solo puerto ese debe ser el del Rosario".

Acabó su intervención "pidiendo que el Cabildo se adhiriese a la petición del ayuntamiento que presido para que se amplíe el muelle de esta capital en cien metros más, y se oponga a cualquier gestión que por persona o entidad irresponsable se lleve a efecto para mejorar el desembarcadero de Gran Tarajal"

Remató su intervención pidiendo que tan pronto se pudiera utilizar el camino vecinal de Casillas del Ángel a Betancuria por Valle de Santa Inés, se gestionara la suspensión definitiva de la escala que los vapores correos hacían hoy en Gran Tarajal. Idea que hirió rotundamente a los representantes del sur de la isla.

La respuesta de los representantes del Sur:
 
Respondió al alcalde de Puerto del Rosario, el consejero don Juan Guerrero García, quien planteó que "el problema no se puede presentar como una opción entre prolongar cien metros el muelle de Puerto del Rosario o en cincuenta el de Gran Tarajal, sino cuál de los dos es realizable en un futuro próximo y si es posible que el Puerto del Rosario absorba para su embarque toda la producción de la isla".

 
(Foto del libro "Los Presidentes del Cabildo de Fuerteventura. 1913-2013")
 
Y añadió que los intereses insulares de que habla el alcalde de la capital son tan particulares como los que defienden los de Gran Tarajal, es decir, "son intereses económicos de bienes de la isla y por tanto intereses generales de Fuerteventura".

El Seños Guerrero hizo un planteamiento topográfico de la isla para concluir que la isla está dividida en tres zonas claramente delimitadas, "Norte, Centro y Sur y que las lluvias son mucho más frecuentes en las zonas Centro y Sur, donde existe también mayor número de pozos y está el mayor número de tierras de regadío".

Invocó don Juan Guerrero a la partición de bienes comunales protagonizada por los hermanos Velázquez Cabrera a fines del siglo XIX en el sur de la isla, frente al mantenimiento de latifundios en el norte: "como consecuencia de esta diferencia resulta que la amplia zona sur es lo contrario de la zona norte.

Y afirmaba que el Hinterland del Puerto de Gran Tarajal llegaría hasta Antigua, insinuando proyectos como el tren que defendían los "Caballeros de la Orden del Sur" para sacar la producción agrícola por aquel puerto. Además, remató el señor Guerrero García, Gran Tarajal se encuentra a 25 millas de la capital provincial.
 
Foto del antiguo muelle de Gran Tarajal, con su pescante, (foto aportada por Paco Cerdeña)
 
Aunque entonces el asunto se dejó sobre la mesa, Puerto del Rosario siguió logrando en sucesivas ampliaciones lo que hoy es el puerto capital de Fuerteventura.
La cuestión dejó ver, una vez más la competición que se dio por mucho tiempo entre los dos principales puerto de Fuerteventura. Unos enfrentamientos que trascendieron y se canalizaron en otras esferas de la vida insular , como los enfrentamientos deportivos entre ambas localidades.

miércoles, 18 de enero de 2017

La Barriada de las 56 viviendas cumple sesenta años


LA BARRIADA DE LAS CASAS BARATAS DE ARRIBA

O DE LAS 56 VIVIENDAS. PUERTO DEL ROSARIO.

 

Las primeras viviendas económicas o casas baratas se llevaron a cabo en Puerto de Cabras en la década de 1940. Unas fueron en forma de barriadas obreras, como las de la Barriada del Carmen; otras fueron experimentos de organización agraria, como la Colonia Rural García Escámez; otras se hicieron ex profeso para militares, junto a los cuarteles, como la Barriada Militar de El Charco; y otras fueron de realojo de pescadores, expulsados por las obras del muelle y de las residencias de oficiales del ejército, como La Barriada del Señor Ruperto o Las Lojas. Todas esas viviendas se realizaron a través del Mando Económico de Canarias, presidido por el Capitán general de la Región.

 

En la década de 1950 las promociones públicas de viviendas protegidas tuvieron otro signo y se las identificó con otros emblemas y con otros nombres que aún hoy se cuestionan. En Puerto del Rosario fueron dos, una de 25 casas, la Barriada del Rosario o Casas Baratas de Abajo, y otra de 56, La Barriada de José Antonio o Casas Baratas de Arriba.

 
Vista aérea de la zona de las Casas Baratas de Puerto del Rosario en 1967, con la escuela hogar y las viviendas de maestros ya construidas. Foto del Archivo Digital de Paco Cerdeña.

A vista de pájaro aquellos grupos que entonces se construían a las afueras de la población, se nos muestran hoy en zonas céntricas de la ciudad, engullidas por los sucesivos ensanches, pero conservando sus recuerdos, la memoria de las barriadas históricas de Puerto del Rosario.

 

Sobre dos fotos de ayer y de hoy, viejos símbolos, nuevo nombre. Al amparo de la Ley 52/2007 de Memoria Histórica, reflexionamos sobre los cambios de la barriada Islas Canarias en su sesenta cumpleaños.

 
Bendición de la barriada en verano de 1957. Foto del libro "Puerto del Rosario, cien años en la memoria"

Cambió su simbología, pues la fisonomía y la estética, las líneas arquitectónicas se desdibujaron hace ya más de treinta años, posiblemente en aras de la lógica del bienestar y porque las familias adjudicatarias simplemente crecían.

 

Los solares fueron un conflicto. Era y suele ser frecuente que la administración municipal facilitase el terreno a la administración superior; ya fuera cediéndolos de sus bienes de propios, ya comprándolos a algún vecino con ganas de vender, para facilitarlos luego la corporación local al Estado. Así funcionaban las cosas, y la década de 1950, con el ayuntamiento en manos de miembros de Falange, se ocupó en proporcionar edificios públicos, infraestructuras públicas, experimentos de colonización agraria… Se pensaba que la ciudad se estaba haciendo, inventando, y, hasta su propio nombre y el del municipio cambiarían en aquellos años.

 
Al amparo de la Ley de Memoria Histórica de 2007, la Barriada cambia su nombre.

La promoción de viviendas a través del Sindicato único también se dio aquí y, para los solares, se acudió a doña Angeles Fajardo Merino para que vendiese al Ayuntamiento por sí y por sus hijos, una trozada de terreno para lo que calificaba el Consistorio como "Campo de Deportes Municipal". Pero nos asalta la duda de si la cabida de aquella compraventa contenía más terreno del escriturado: ¿y si el solar que compraba el Ayuntamiento fuera de una superficie mayor que llegase, por ejemplo, desde la carretera de La Oliva por Tetir a las paredes de la Rosa de don Vicente Felipe? No me extrañaría nada que éste fuera el caso de lo escriturado en 1952-53 para la construcción de las 56 viviendas prometidas a Puerto de Cabras.

 

Fuera como fuese, tan pronto asumió la alcaldía un falangista, igual que aconteció en la presidencia de otros organismos de la isla desde 1938, los responsables municipales hicieron suyo el empeño de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura y de la Obra Social de Falange, para lograr que de las cuatrocientas y pico viviendas del Plan Sindical de la Vivienda de 1956, se adjudicaran a Puerto de Cabras 56.

 

Tenían pues el terreno. Tenían los dineros de la Sindical. Tenían el empeño de seguir con la tónica de barriadas obreras para todos los municipios. Tal vez le faltara demanda social, algo por estudiar.

 
Una leyenda similar a esta marcaba la partida de nacimiento del barrio en un murete de su minúscula plaza.

Y en abril de 1956 se sacó a subasta la construcción del grupo de viviendas que nos ocupa, cuando aún se trabajaba en la Barriada del Rosario, las casas baratas de abajo en Puerto de Cabras/Puerto del Rosario. Las obras se adjudicaron al contratista majorero Juan Martín Martín, por dos millones y pico de pesetas.

Trabajaron como descosidos, de sol a sol, en un intento de tener acabadas las casas para las inauguraciones del 18 de julio del año siguiente. Y así fue. Aunque nos queda la duda sobre si el acto fue en el 57 o en el 58, apostamos por la primera fecha.

Una vez terminadas las obras, la sorpresa fuñe mayúscula: ¡no había gente para tantas casas en el Puerto! Ni siguiera se cubrieron los cupos de reserva para funcionarios, militares y mutilados de la guerra civil, y difícilmente se justificó el proyecto.

Pero en poco menos de un año se levantaron las 56 viviendas prometidas, cuyos viales fueron bautizados por el Ayuntamiento como calles Tenerife, Hierro, Lanzarote, Gran Canaria y las traviesas de Herbania, La Palma y Gomera.

Y en la minúscula plazoleta ubicada al comienzo de la fila de casas comprendida entre las calles Lanzarote y Gran Canaria, frente a la tienda del barrio, se levantó, a un metro de la pared, un murete de unos dos metros de largo por uno y medio de alto, donde una cartela con los escudos de Falange y de CNS recogían la fecha de nacimiento de la Barriada, punto en el que se bendijo en el verano de 1957.

 

Desde el punto de vista del orden en las adjudicaciones, podríamos afirmar que éstas comenzaron por hilera de casas comprendidas entre las calles Tenerife y El Hierro, las más próximas a las paredes de la Rosa de don Vicente Felipe. Militares y funcionarios ocuparon las casas de aquellas calles.

Y los majoreros. Muchas familias numerosas, lo que se estilaba entonces, que ocuparon las viviendas en las otras dos calles de subida, más próximas al campo de deportes que el Ayuntamiento cedió al Club Deportivo Herbania para su uso y gestión, pero quienes los mantenían "engrasado" fueron los chiquillos de la barriada.

Y como pasó en las otras promociones de viviendas de la década de 1940 en Puerto de Cabras el incremento natural de la población provocó la estampida pues, ni con literas se solucionaba el problema de espacio necesario para las familias ya que la altura de las casas era más bien cortita.

Muchos se fueron, menguó la población al emigrar o embarcarse los hijos mayores que se casaban o simplemente, se iban en busca de trabajo: ahí enfrente estaba el Sahara y la explotación de los fosfatos y de la pesca captó a nuestra gente joven con ganas de hacer perras e independizarse. Así surgió buena parte del barrio de Fabelo.

 
La Barriada con los restos de las casas de los trabajadores a fines de la década de 1960. Foto del libro "Puerto de Cabras-Puerto del Rosario, una ciudad joven"

Sesenta años después, en este año, cumple la barriada, como el que suscribe, las seis décadas de vida. Una buena efeméride para reflexionar y hacer un poco de memoria que compartir e insertar en la historia local de nuestro pueblo.

En fin, al margen de personalizaciones y personalismos, brindemos por la barriada, por el conjunto de memorias que describen y justificarán que somos lo que fuimos.