miércoles, 18 de enero de 2017

La Barriada de las 56 viviendas cumple sesenta años


LA BARRIADA DE LAS CASAS BARATAS DE ARRIBA

O DE LAS 56 VIVIENDAS. PUERTO DEL ROSARIO.

 

Las primeras viviendas económicas o casas baratas se llevaron a cabo en Puerto de Cabras en la década de 1940. Unas fueron en forma de barriadas obreras, como las de la Barriada del Carmen; otras fueron experimentos de organización agraria, como la Colonia Rural García Escámez; otras se hicieron ex profeso para militares, junto a los cuarteles, como la Barriada Militar de El Charco; y otras fueron de realojo de pescadores, expulsados por las obras del muelle y de las residencias de oficiales del ejército, como La Barriada del Señor Ruperto o Las Lojas. Todas esas viviendas se realizaron a través del Mando Económico de Canarias, presidido por el Capitán general de la Región.

 

En la década de 1950 las promociones públicas de viviendas protegidas tuvieron otro signo y se las identificó con otros emblemas y con otros nombres que aún hoy se cuestionan. En Puerto del Rosario fueron dos, una de 25 casas, la Barriada del Rosario o Casas Baratas de Abajo, y otra de 56, La Barriada de José Antonio o Casas Baratas de Arriba.

 
Vista aérea de la zona de las Casas Baratas de Puerto del Rosario en 1967, con la escuela hogar y las viviendas de maestros ya construidas. Foto del Archivo Digital de Paco Cerdeña.

A vista de pájaro aquellos grupos que entonces se construían a las afueras de la población, se nos muestran hoy en zonas céntricas de la ciudad, engullidas por los sucesivos ensanches, pero conservando sus recuerdos, la memoria de las barriadas históricas de Puerto del Rosario.

 

Sobre dos fotos de ayer y de hoy, viejos símbolos, nuevo nombre. Al amparo de la Ley 52/2007 de Memoria Histórica, reflexionamos sobre los cambios de la barriada Islas Canarias en su sesenta cumpleaños.

 
Bendición de la barriada en verano de 1957. Foto del libro "Puerto del Rosario, cien años en la memoria"

Cambió su simbología, pues la fisonomía y la estética, las líneas arquitectónicas se desdibujaron hace ya más de treinta años, posiblemente en aras de la lógica del bienestar y porque las familias adjudicatarias simplemente crecían.

 

Los solares fueron un conflicto. Era y suele ser frecuente que la administración municipal facilitase el terreno a la administración superior; ya fuera cediéndolos de sus bienes de propios, ya comprándolos a algún vecino con ganas de vender, para facilitarlos luego la corporación local al Estado. Así funcionaban las cosas, y la década de 1950, con el ayuntamiento en manos de miembros de Falange, se ocupó en proporcionar edificios públicos, infraestructuras públicas, experimentos de colonización agraria… Se pensaba que la ciudad se estaba haciendo, inventando, y, hasta su propio nombre y el del municipio cambiarían en aquellos años.

 
Al amparo de la Ley de Memoria Histórica de 2007, la Barriada cambia su nombre.

La promoción de viviendas a través del Sindicato único también se dio aquí y, para los solares, se acudió a doña Angeles Fajardo Merino para que vendiese al Ayuntamiento por sí y por sus hijos, una trozada de terreno para lo que calificaba el Consistorio como "Campo de Deportes Municipal". Pero nos asalta la duda de si la cabida de aquella compraventa contenía más terreno del escriturado: ¿y si el solar que compraba el Ayuntamiento fuera de una superficie mayor que llegase, por ejemplo, desde la carretera de La Oliva por Tetir a las paredes de la Rosa de don Vicente Felipe? No me extrañaría nada que éste fuera el caso de lo escriturado en 1952-53 para la construcción de las 56 viviendas prometidas a Puerto de Cabras.

 

Fuera como fuese, tan pronto asumió la alcaldía un falangista, igual que aconteció en la presidencia de otros organismos de la isla desde 1938, los responsables municipales hicieron suyo el empeño de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura y de la Obra Social de Falange, para lograr que de las cuatrocientas y pico viviendas del Plan Sindical de la Vivienda de 1956, se adjudicaran a Puerto de Cabras 56.

 

Tenían pues el terreno. Tenían los dineros de la Sindical. Tenían el empeño de seguir con la tónica de barriadas obreras para todos los municipios. Tal vez le faltara demanda social, algo por estudiar.

 
Una leyenda similar a esta marcaba la partida de nacimiento del barrio en un murete de su minúscula plaza.

Y en abril de 1956 se sacó a subasta la construcción del grupo de viviendas que nos ocupa, cuando aún se trabajaba en la Barriada del Rosario, las casas baratas de abajo en Puerto de Cabras/Puerto del Rosario. Las obras se adjudicaron al contratista majorero Juan Martín Martín, por dos millones y pico de pesetas.

Trabajaron como descosidos, de sol a sol, en un intento de tener acabadas las casas para las inauguraciones del 18 de julio del año siguiente. Y así fue. Aunque nos queda la duda sobre si el acto fue en el 57 o en el 58, apostamos por la primera fecha.

Una vez terminadas las obras, la sorpresa fuñe mayúscula: ¡no había gente para tantas casas en el Puerto! Ni siguiera se cubrieron los cupos de reserva para funcionarios, militares y mutilados de la guerra civil, y difícilmente se justificó el proyecto.

Pero en poco menos de un año se levantaron las 56 viviendas prometidas, cuyos viales fueron bautizados por el Ayuntamiento como calles Tenerife, Hierro, Lanzarote, Gran Canaria y las traviesas de Herbania, La Palma y Gomera.

Y en la minúscula plazoleta ubicada al comienzo de la fila de casas comprendida entre las calles Lanzarote y Gran Canaria, frente a la tienda del barrio, se levantó, a un metro de la pared, un murete de unos dos metros de largo por uno y medio de alto, donde una cartela con los escudos de Falange y de CNS recogían la fecha de nacimiento de la Barriada, punto en el que se bendijo en el verano de 1957.

 

Desde el punto de vista del orden en las adjudicaciones, podríamos afirmar que éstas comenzaron por hilera de casas comprendidas entre las calles Tenerife y El Hierro, las más próximas a las paredes de la Rosa de don Vicente Felipe. Militares y funcionarios ocuparon las casas de aquellas calles.

Y los majoreros. Muchas familias numerosas, lo que se estilaba entonces, que ocuparon las viviendas en las otras dos calles de subida, más próximas al campo de deportes que el Ayuntamiento cedió al Club Deportivo Herbania para su uso y gestión, pero quienes los mantenían "engrasado" fueron los chiquillos de la barriada.

Y como pasó en las otras promociones de viviendas de la década de 1940 en Puerto de Cabras el incremento natural de la población provocó la estampida pues, ni con literas se solucionaba el problema de espacio necesario para las familias ya que la altura de las casas era más bien cortita.

Muchos se fueron, menguó la población al emigrar o embarcarse los hijos mayores que se casaban o simplemente, se iban en busca de trabajo: ahí enfrente estaba el Sahara y la explotación de los fosfatos y de la pesca captó a nuestra gente joven con ganas de hacer perras e independizarse. Así surgió buena parte del barrio de Fabelo.

 
La Barriada con los restos de las casas de los trabajadores a fines de la década de 1960. Foto del libro "Puerto de Cabras-Puerto del Rosario, una ciudad joven"

Sesenta años después, en este año, cumple la barriada, como el que suscribe, las seis décadas de vida. Una buena efeméride para reflexionar y hacer un poco de memoria que compartir e insertar en la historia local de nuestro pueblo.

En fin, al margen de personalizaciones y personalismos, brindemos por la barriada, por el conjunto de memorias que describen y justificarán que somos lo que fuimos.