lunes, 19 de junio de 2017

El Charco. Entre el carenero y las fábricas de cal

Notas sobre el desarrollo de El Charco.
Puerto del Rosario.
 

En el único mapa del Puerto de Cabras del siglo XIX, ya se observa el carenero de El Charco y las casas que lo rodeaban, hornos incluidos. Es, por ahora, la única expresión cartográfica de la trama urbana cuyo diseño se atribuye a uno de sus primeros pobladores, Diego Miller, y es el dibujo del germen de lo que hoy es Puerto del Rosario: sus calles y edificios singulares, sus playas. Se levantó, como sabemos, en 1885... Pero demos un salto en el tiempo para centrarnos en lo que, de verdad, convulsionó las expectativas de crecimiento urbano en aquella zona.

Acabada la Guerra Civil española, en 1940-1941 se asentaron en Puerto del Rosario los acuertelamientos militares junto a la entrada y salida del muelle grande que se iniciara en la década anterior, como punto estratégico de comunicaciones y suministros ya que la infraestructura aeroportuaria se ubicó por entonces en los llanos de Tefía.

Y el sitio elegido para los cuarteles fue loma que se situaba a poniente de la Laja Negra, donde, de antiguo, había lonjas y viviendas de pescadores procedentes, en su mayoría, del término de La Oliva y que, finalmente, fueron desplazados más al norte-naciente por las residencias de oficiales y suboficiales que se construyeron en 1944.
 
 

Aquel primer desplazamiento de habitantes originó la Barriada de Señor Ruperto, Las Lonjas o Las Lojas, que se construyeron por el Ayuntamiento alineadas a las que para los militares se hicieron al norte del cuartel, y con fondos del Mando Económico de Canarias, en la prolongación de la que hoy es calle Cte. Díaz Trayter.

También los hornos y almacenes sufrieron un desplazamiento hacia Punta Gavioto, con la consiguiente prolongación de viales para llevar la piedra y acarrear la cal hasta los muelles. Y permanecieron, en cambio, los cuartos de los carpinteros de ribera junto al charco.

La primera dotación de equipamientos que se hizo a favor de aquellas gentes del barrio fue el Grupo Escolar Primo de Rivera, de 1945.

Y a las viviendas de la barriada citada se fueron arrimando las de quienes procedentes del norte de la isla continuaron llegando a esta parte de la ciudad en un flujo que con intermitencias se mantuvo a partir de la década de 1950. Médico, juez y empresarios fueron sentando las primeras viviendas que irían pergeñando la prolongación de la avenida Ruperto González Negrín en lo que hoy se llama calle Almirante Lallemand y antaño fue simplemente "calle del Charco", por laorilla. Entre 1955 y 1960 sobrepasaron el medio centenar de casas.

Atentos a la demanda de servicios de esta población y a las necesidades de la intendencia militar, se abrieron establecimientos comerciales mayoristas como "El Consorcio", de Alonso Hernández, (luego comprado, según Tomás Chocho, por Miguel Gil Martel) y algunas tienditas de ultramarinos, como la de Andrés Fabricio, que junto a Las Salinas del Viejo (1953), el Matadero de Los Pozos (1956) y la multitud de pequeños comercios, paliaron las necesidades de un vecindario en continuo crecimiento.

La segunda promoción pública de viviendas en El Charco vino de la mano del Instituto Social de la Marina, con treinta y seis casas en la conocida como "barriada de los pescadores", el la década de 1960.

El cine también llegó al barrio a finales del 1960 gracias a la promoción de Casto y Guillermo Martínez Soto bajo denominación de "Cine Marga" (por su padre, Casto Martínez Gallego), y sirvió durante varias décadas al resto de la ciudad y de la isla.

Y sobre el Charco las industrias llamadas a cubrir las infraestructuras básicas para Puerto del Rosario y Fuerteventura: tanto la planta potabilizadora como la planta eléctrica empiezan a funcionar sobre el suelo de la antigua Salina del Viejo, en la década de 1970.
 
 

Cubiertas las necesidades básicas el ya Barrio, con mayúsculas, se organiza en asociaciones vecinales, la Virgen del Mar (1983), la de Las Lojas (1986), y abre un pequeño oratorio al culto católico en honor y advocación de la Virgen del Mar.

Allí abrieron sus puertas el Centro Cultural del Charco y la sociedad Herbania construye su sede trasladándose desde la barriada de las 56 viviendas hasta la orilla del mar, junto al popular carenero y carnadero del viejo Puerto de Cabras, al que también se asoma el Centro de Arte Juan Ismael que se construyó en el solar y respetando la fachada del recordado Cine Marga.

Entre sus valores arquitectónicos patrimoniales aún podemos ver el Cuartel, las casas sencillas fruto de la autoconstrucción de las décadas de 1950 y 1960 y los hornos de Punta Gavioto. Elementos todos que siguen ahí esperando su integración a través del paseo marítimo y de las nuevas infraestructuras culturales programadas.

En el populoso barrio de El Charco, pues, nos encontramos con cuatro fábricas de cal con distinto grado de conservación. Se ubican en el entorno de las calles Teniente Coronel Benedicto, Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y Tomás Morales, presentando el más antiguo (de Los Suárez) vestigios de una rampa que se prolongaba en el marisco, y comparte su edad con otro cercano del que no tenemos datos. Los otros dos son de mayor porte.

 

1, horno de los Berriel, 1946, dos hornillas y aljibe en la esquina sur-naciente. Tenía otras estructuras de viviendas y oficinas hoy derruidas. Aunque no se conservan los tinglados de carga a camiones, dadas las cimentaciones contiguas, supongo que las debieron tener similares a las de don Federico o Punta de Gavioto; lo que si es claro que en ambos se utilizaron vagonetas sobre raíles que unían la hornilla con los almacenes de carga. Por la rampa trasera (que se desarrolla en grandes proporciones) subían los camiones para volcar el carbón de antracita y la piedra junto a las bocas, donde se partían y en carretillas se echaban para cocerlas. El aljibe era la estructura indispensable para abrir la cal viva.

Este, como el de don Federico o el de Punta Gavioto utilizaban camiones para trasladar la cal al muelle comercial.

 

2, horno de los Suárez, quizás el más antiguo, presenta una estructura circular con dos escalerillas de piedra que desde la rampa trasera de aproximación del combustible y la piedra entera, llegaba a la boca del vaso, donde con perolas y a hombros se vertían para cocimiento.

Presenta igualmente estructuras de vivienda-oficina asociadas, posiblemente construidas mucho después que el horno en sí. Es el único que presenta vestigios de una rampa que desciende al marisco, por lo que no me extraña que aquí se utilizara el "saqueo": de la hornilla a los sacos y estos, en carretilla, hasta la rampita para, a hombros acercarlas a los lanchones que las llevaban al velero. Fue el sistema utilizado en La Guirra y que decayó ante las nuevas estructuras mucho más industrializadas, con empresas que en sus propios camiones acercaban la cal al muelle para su embarque.

Como singularidad la estructura presenta dos estribos que flanquean la hornilla y sustenta el peso de la estructura dado el desnivel en que se ubica.

 

3, horno sin datos, el siguiente, al norte del de Los Suárez. También es bastante antiguo, de estructura circular desarrollada en círculos concéntricos que se van reduciendo en altura, próximos a la boca del vaso. Debió cargarse, si no a hombros, si con carretillas; dadas sus dimensiones no parece que los camiones trepasen por la rampa trasera. Presenta vestigios de almacén y vivienda-oficina contigua. Es el que peor se conserva como puede verse en las fotos.


4, horno de don Federico, "el rey de la piedra de cal", en Punta de Gavioto. El más complejo y diversificado, pues conserva vivienda, oficina, tinglados de carga y almacenes a escala industrial. En origen tuvo dos hornillas y, por consiguiente, dos vasos, (como el de los Berriel), pero se amplió al costado norte de aquellas con una nueva hornilla con un diámetro de vaso dos veces superior al de las otras dos. Allí se empleó ladrillo especial, posiblemente refractario como puedes ver en los detalles exteriores de las hornillas, aunque en su interior están enfoscadas. La curiosidad que éste y el de los Berriel presenta es el empleo de hormigón y cemento.




El apagón de los hornos y de la industria calera:

Cuando en 1974 don Manuel Castañeyra Schamann solicitaba al ayuntamiento permiso para el derribo de local de oficinas y archivo de la empresa Hornos de Cal Risco Prieto, posiblemente estuviera cerrando una etapa económica que propició años atrás la proliferación de hornos de cal por el entorno de Puerto del Rosario.

En las década de 1940 y 1950 se construyeron hornos de tipo industrial en todo nuestro litoral, a la vez que, por el muelle comercial (el muelle grande de antaño) se exportaba piedra caliza hacia las islas Gran Canaria y Tenerife. Fue aquella la etapa de la "carga blanca", por ser la piedra de cal y sus derivados la mercancía que mayoritariamente se exportaba.

Pero los hornos ya estuvieron entre nosotros de los primeros tiempos de Puerto de Cabras, registrándose datos de exportaciones puntales de calizas desde los primeros momentos de la ocupación europea de Fuerteventura.

Y ahí siguen, desafiando al abandono y al tiempo unas estructuras industriales que tal vez encuentren algún día la protección que merecen y por la que apostamos.

La documentación se empeña en rescatar las figuras de empresarios e instalaciones a través de un censo de 1954 en el que se recogen 20 hornos:

 
- Federico González Luís (el Rey de la Piedra de Cal), con 3 hornos
- Santiago Morales Saavedra, con dos
- Manuel Bordón Falero, con 3
- Julio Vega Hormiga, con 2
- Carlos Suárez Ruiz, con 1
- Juan Pedro Armas Chacón, con 1
- Juan Berriel Jordán, con 2
- Jacinto Lorenzo Rodríguez, con 2
- Vicente Felipe Domínguez, con 1
- Juan Martín Alonso, con 2
- Claudio Travieso Mederos, con 1

A día de hoy, sólo los hornos de la Guirra, en el término municipal de Antigua, han merecido la figura de protección dispensada por la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, y suponemos que el Cabildo incoó su expediente en momentos inmediatos a la construcción del Centro Comercial Atlántico, pasando una vez construido éste, a integrar parte del paseo marítimo de la zona.

miércoles, 7 de junio de 2017

Gerardo Jorge Machín (1933-2017) en 1964, [foto del archivo digital de Paco Cerdeña]
 
Se apagó otra de las voces importantes de Fuerteventura,

Murió Gerardo Jorge Machín

 

Medalla de Oro de Canarias (2004), Cronista Oficial de Fuerteventura (2005), Medalla de la Ciudad de Puerto del Rosario (1995). Gerardo pertenecía a una de las familias más antiguas del viejo Puerto de Cabras; por partida doble, por los Jorge y por los Machín.

Retirado hace unos años de la vida pública, a sus espaldas llevó por muchos años la responsabilidad de ser la "La Voz de Fuerteventura" en los medios informativos locales, regionales y nacionales. Y aunque se le otorgase el título de Cronista Oficial de la Isla, él, de facto, lo fue siempre, y como él mismo llamó al compañero y amigo en las tareas informativas, Juan José Felipe Lima, cuando falleciera en enero de 1969, Gerardo Jorge Machín, LA VOZ DE FUERTEVENTURA, se apaga y, con ella se nos va un montón de páginas de la historia de Puerto de Cabras…

Pero en el recuerdo imperecedero quedará su memoria que es la memoria de la isla durante más de cuarenta años: Orgulloso se sentía de haber cubierto la estancia del canciller alemán Willy Brandt en la isla y frustrado cuando la censura apagó la noticia, su trabajo, sobre el accidente paracaidista de Tefía en la operación "Maxorata 72". Sus crónicas, sus reportajes, sus entrevistas y sus opiniones quedan ahí, en los periódicos en los que escribió; su voz en los archivos de radio, y su imagen, en los archivos de RTVE, como un reto para que los estudiosos le coloquen en el puesto que merece estar. Una biografía, la del Cronista Oficial de la Isla, que está por escribirse.

A don Gerardo Jorge Machín, las gracias por haber servido muchas veces de fuente escrita para el estudio del Puerto.

A sus hijos, a su familia y amigos, mi más sentido pésame por la irreparable pérdida.