domingo, 29 de octubre de 2017

La alcaldesa mayor perpetua de Puerto del Rosario

Casi medio siglo de lo que ya es una costumbre

 

Lejanos quedan ya los tiempos en que Teresa López, la española, trajera a Puerto de Cabras, desde algún lugar de la campiña andaluza la primera imagen de la Virgen del Rosario, en los albores del siglo XIX; no es casualidad que su esposo Manuel Martos perteneciera a la Cofradía del Rosario en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en Tetir, y como se sabe, los dominicos profesaron siempre especial devoción por el Rosario… Aquella imagen y la advocación habían llegado para quedarse y fundar nuestra parroquia en la capital majorera. Y algo más: su nombre y sus títulos marcaron para siempre las costumbres religiosas de la localidad.

 
Aparentemente trasnochada, la decisión de dar títulos y honores a elementos de la religiosidad imperante, se sigue dando a lo largo de nuestra geografía. Y eso parece no ser plato del gusto para quienes defiendan la laicidad y acofensionaoidad del Estado, porque considero que también los entes locales son "Estado", son administración y están regulados por leyes dimanantes de las instituciones de un Estado al que, en última instnacia, representan.

En nuestro caso, el título que nos ocupa se otorgó –como no podía ser de otra forma- a la patrona de la localidad, doce años después de que su nombre pasara a formar parte del topónimo de la ciudad y, por extensión, del municipio.

Ocurrió en el año de los tres alcaldes: Santiago Mederos González, Rodrigo García Poves y Ceferino Guillermo Martínez Soto se sucedieron en la alcaldía del Puerto en el año 1968.

La decisión fue tomada por unanimidad en el pleno del ayuntamiento de Puerto del Rosario en el año en que se inauguraba la Casa Consistorial. Y se dijeron los munícipes –un suponer- este es nuestro castillo y Tú, María Santísima del Rosario, llevarás para siempre el simbólico bastón de mando de este municipio. Le otorgaban así el título de Alcaldesa Mayor Perpetua a la Virgen del Rosario.

Y tal y como lo hicieron en otros pueblos de Canarias, como en el municipio grancanario de Agüimes, en otras fechas, nuestra patrona, de la misma advocación que la de aquella localidad, recibió el cetro en presencia de autoridades civiles, militares y religiosas. Se escenificó el acto en la escalinata de acceso al consistorio, con la asistencia de numeroso público.

El secretario de la corporación leyó allí, ante los micrófonos, el acuerdo corporativo que tal y como solía hacer el apasionado cronista y secretario en su momento, Juan José Felipe, aquí reproducimos dicha resolución municipal:

"…En Puerto del Rosario, a seis de octubre de mil novecientos sesenta y ocho…En el salón de actos del Ayuntamiento… el único objeto de esta sesión extraordinaria… Nombramiento de Alcaldesa Mayor Perpetua de la Virgen del Rosario… [Se leyó la moción del alcalde accidental Benjamín Castañeyra]… Por cuanto la Santísima Virgen bajo la advocación multisecular del Rosario es titular de la parroquia y patrona de esta ciudad. Muy acendrada y antiquísima la devoción popular y bien arraigado y profundo el amor filial de todos los vecinos que han sido de este municipio, y siendo así que estos mismos sentimientos inamovibles inspiraron un día de buena fortuna el cambio de nombre de la capitalidad insular, por esta presidencia se promueve y recomienda para la adopción de acuerdo que recoja este ánimo y lo haga patente públicamente y ante la posteridad, nombrando a la Virgen del Rosario Alcaldesa Mayor Perpetua…por unanimidad y aclamación, en memoria respetuosa de la fe católica y mariana de nuestros antepasados, y para ejemplaridad de las generaciones venideras se acordó: Primero: Nombrar a la Santísima Virgen del Rosario Alcaldesa Mayor Perpetua de esta ciudad; y Segundo: Que en ocasión de su festividad, que se celebra en esta misma fecha, se le imponga oficialmente el bastón de mando cuando el cortejo procesional pase ante la puerta principal de la sede del consistorio…"

Leemos en la prensa del día 5 de octubre: "...De acuerdo con la más exigente tradición, después de la solemne función religiosa del mediodía, la imágen hará un recorrido procesional por las calles de la población... pero el recorrido tradicional sufrirá una variante histórica. La procesión pasará frente al Centro Cívico y, frente a la puerta principal de la casa consistorial se detendrá por primera vez. Allí le esperará el ayuntamiento en pleno y en un acto lleno de emotividad, recibirá la ofrenda del bastón de mando del alcalde..."

 
Unos días antes, en sesión corporativa de 21 de septiembre acordaban la edición de una revista que recogiese las expectativas y anhelos conseguidos para la capital de la isla, encomendándose su elaboración a una comisión que también se haría cargo de las fiestas patronales, y que estaba integrada por un presidente, en la persona de Manuel Rodríguez Román; una vicepresidenta, en la persona de Lucía Pérez; dos vocales, en las personas de Benjamín Castañeyra y Dámaso Rodríguez, y un secretario, en la persona de Juan José Felipe Lima.

Esta es la razón por la que, cada año, en el día de la patrona de Puerto del Rosario, la procesión de la venerada imagen llega hasta las puertas del consistorio para renovar el título y tomar el cetro de mando de la alcaldía, uno de los símbolos del poder civil municipal.

Recogido o no en el Reglamento de Honores y Distinciones, este hecho forma ya parte de uno de los símbolos de identidad de un pueblo que se repite cada año con deseo de perpetuidad y de respeto a las costumbres cuando éstas ya dejan de ser leyes para formar parte del acervo de los pueblos de la isla.

sábado, 21 de octubre de 2017

Se fue otro de los corresponsales de Puerto del Rosario

Se apagó otra de las voces por Puerto del Rosario

Ya alejado de la vida pública, con las primeras lluvias del otoño

 

Don Antonio Peña Rodríguez falleció ayer en nuestra ciudad. Aruquense de nacimiento, este majorero de adopción desarrolló buena parte de su labor labor docente en Fuerteventura (El Cotillo, Betancuria, Puerto del Rosario...).

Aquí llegó y se casó con una majorera, implicándose desde siempre en cuestiones políticas de la isla, desempeñando los cargos de concejal de Puerto del Rosario, Consejero del Cabildo Insular y delegado del gobierno del Estado en Fuerteventura; y sociales, entre otras, fue secretario de la Asamblea Insular de Cruz Roja de la isla majorera y participó en el I Consejo Económico y Sindical de Fuerteventura 1964.

Antonio Peña Rodríguez en el I Consejo Económico y Sindical de Fuerteventura, 1964
Hombre inquieto por la isla, también se preocupó por la noticia y la información; ejerció corresponsalías de varios periódicos regionales en los que coincidió con los desaparecidos Gerardo Jorge Machín, Juan Antonio Franco Hormiga y Juan José Felipe Lima. Y su voz se escuchó en colaboraciones con otras tantas emisoras de radio regionales.

Trabajando para el diario La Provincia, su firma apareció en varios de los especiales dedicados a las fiestas patronales de Puerto del Rosario en la década de 1970; a ellos habrá que acudir como fuente para conocer buena parte de sus inquietudes y aspiraciones para la ciudad y el municipio.

En 2000, en la etapa final como Director Insular de la Administración General del Estado en Fuerteventura, pregonó las fiestas de San Buenaventura, Betancuria.

El bloc de Puerto de Cabras quiere sumarse a las condolencias hacia la familia por la irreparable pérdida. Se ha ido un testigo batallador en la cimentación del Puerto; sus crónicas constituyen (como ya hemos dicho en varias ocasiones respecto de los corresponsales y cronistas locales) un recurso más para las notas de este cuaderno. Descanse en paz.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Fiestas juradas de San Miguel, ecos históricos

En la conmemoración del 277 aniversario de una "guerra"

 

Un año más celebramos las Fiestas Juradas de San Miguel pues a los santos se invocó en 1740 para repeler la incursión de los corsarios ingleses en Fuerteventura y, desde entonces, el pueblo majorero no ha dejado de escuchar los ecos de su historia.

Los documentos siguen pregonando las batallas de El Cuchillete y de Tamasite. Es el caso del escrito que el gobernador de las armas de Fuerteventura, José Sánchez Umpiérrez, dirigió al comandante general de Canarias, para darle cuenta del desembarco y ataque corsario del 13 de octubre de aquel año.
 
Recreación del desembarco de los corsarios en la Playa de Gran Tarajal, 2012. Foto de Paco Cerdeña para Cuaderno de Puerto de Cabras).
 
Entre otros pormenores, Sánchez Umpiérrez, dejaba escrito que:

"viendo yo la gran distancia y diferencia de armas en que me hallaba, y que para el vencimiento [necesitaba] más del favor divino que de lo humano, les dije en alta voz a mi gente que si Dios permitiera que fuese nuestra la victoria, los despojos y armas y otras cosas que pudiera haber, se ofrecían a dos advocaciones de María Santísima y [a] tres imágenes de especial devoción en estos lugares…"

Los corsarios ingleses que desembarcaron el día 13 de octubre fueron muertos y prisioneros en su totalidad; de los 53 que entonces pusieron pie en tierra, murieron 33 y fue apresado el resto.

Pero no escarmentados, los corsarios volvieron el 24 de noviembre, desembarcando 55 ingleses con intenciones de venganza a degüello y todos fueron degollados.

Casi 90 ingleses muertos de cuyo paradero nada se supo y es de suponer que no fueran enterrados en sagrado… Los isleños tuvieron entre cinco y siete bajas mortales que sí dejaron huella en los registros documentales.

Consecuente con su arenga a las "tropas", Sánchez Umpiérrez mandó repartir los despojos de los ingleses entre los oficiales y soldados que participaron en las riñas, y su bandera se hizo jirones para depositar un trozo en cada altar de las ermitas de los lugares cuyas gentes participaron en las batallas.

Detalle del libro de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, Agua de Bueyes (Antigua, Fuerteventura). Foto del Cuaderno de Puerto de Cabras.
 
El "trofeo" que correspondió a la ermita de Agua de Bueyes quedó inmortalizado por el mayordomo de Nuestra Señora de Guadalupe en su libro fábrica (de cuentas, visitas y mandatos) y estoy por creer que algunas de las hojas de las espadas que les tocó a los del pueblo sonaron entre los instrumentos del rancho de ánimas de la localidad durante muchos años.

Aquel trozo de bandera inglesa, recuerdo de la gesta de 1740, aún estaba en la ermita a finales del siglo XVIII, según leemos en los inventarios de mayordomía levantados por Manuel Cabrera Gutiérrez a instancias del licenciado Camacho, visitador episcopal.

Considero que el hecho histórico que conmemoramos y cuyas fiestas juradas ya han sido elevadas a respetable categoría como bien de interés cultural para la Comunidad Autónoma de Canarias, merece un reflejo espacial que ponga en valor, por ejemplo, los escenarios de las batallas, pero también incluya los lugares de procedencia de todos los contendientes majoreros.

Algo así como lo que ya se hizo con las esculturas que, recortadas en forma de siluetas de acero, se colocaron a la entrada y salida de Tuineje. Ser consecuentes, por ejemplo, con las representaciones que se vienen haciendo en Antigua, Pájara o Tarajalejo, donde además de hacer sonar las cajas de guerra y la cantata, convendría plasmar el recuerdo en la forma plástica dicha.
 

Que, en definitiva el ruido de la guerra y la matanza sirva de pretexto para introducir, además de la música y los cantos, aspectos sociales y organizativos de la vida majorera en el XVIII, convidando a los que nos visitan y a los que aquí residen a detenerse y conocer nuestro patrimonio histórico, de dónde venimos.
 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dar a cada uno lo suyo: Pioneros de El Charco

Una aclaración necesaria: Miguel Gil estuvo entre los pioneros


Días atrás dedicábamos una de nuestras entradas a los orígenes del barrio de El Charco, en Puerto del Rosario; marcábamos allí algunos de los hitos constructivos y a la vez que citábamos a la tiendita de Andrés Fabricio en la calle Juan XXIII, quisimos poner el almacén que tuvo Miguel Gil Martel en la calle Gran Capitán, esquina a Almirante Lallemand. Y nuestros lectores-colaboradores, como no podía ser de otra forma, me avisaron de que no fue dicho Gil el que montó el almacén, sino Alonso Hernández.

Me había expresado mal. Lo que se intentó decir trayendo a colación aquellos negocios fue que ambos negocios, como los hornos o la carpintería de Mingoro, eran testigos arquitectónicos de la urbanización que progresaba hacia la Rosa del Viejo.

Justo es reconocerlo. Solo quisimos fijar, insistimos, uno de los hitos en el desarrollo urbanístico de la zona mencionada en el almacén que regentó Miguel Gil, pero sin voluntad de elevarlo a categoría de fundador, ni mucho menos; hubo otros, efectivamente, como nos recuerda Victoriano Machín.

Y Nano, como Tomás Chocho, insistía: el almacén del consorcio lo hizo Alonso Hernández, de quien Miguel Gil lo adquirió y continuó como almacenista al por mayor. Porque, decían, dicho Alonso estaba vinculado a la oficina de abastos, de la que no recordaban otros funcionarios que Juan Martín Alonso, Pepe Melián y el que ahora nos ocupa.

Pero ¿quién era Alonso Hernández?

Alonso Hernández y Hernández fue un mayorista que tomó el relevo a la casa comercial que Luciano Vega Ramírez abrió en Puerto de Cabras en tiempos del Mando Económico de Canarias (1941-1946) y actuaba como representante de la Delegación de Abastecimientos y Transportes. Es decir participaba en el transporte y distribución de los artículos de racionamiento en la isla.

La sede de aquella empresa estuvo en varios locales del Puerto: en la calle Juan Domínguez Peña, junto al depósito de víveres de la Intendencia Militar de Fuerteventura y en la calle León y Castillo, donde hoy está el Camelot. Era lo que muchos recordarán como El Consorcio de Abastos o, simplemente el Consorcio (algún día habrá que contar la trayectoria de este local que también sirvió de acuartelamiento de tropas expedicionarias en tiempos del Mando Económico, y acogió a la sede insular de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en la década de 1950, entre otros usos).

Cierto es que a nosotros nos confundió un detalle de la historia del barrio de El Charco: el colegio Primo de Rivera, primer edificio que se construyó en Puerto del Rosario con fines estrictamente docentes, lo construyó el Mando Económico sobre terrenos del armador Andrés Rodríguez González que denunció la usurpación por tener allí aljibe para aguada de sus barcos, en lugar relativamente cerca del carenero de la zona; que dicho naviero tenía entre sus descendientes a quien sería esposa de uno de los empleados de Alonso Hernández, justo el que mencionamos como aparente pionero.

Por nuestra parte, seguimos repensando nuestra historia local con aportaciones como las que aquí han quedado reflejadas. No obstante, para quienes lo deseen, este barrio de Puerto del Rosario ya cuenta con un libro escrito por sus propios vecinos a través del grupo comunitario coordinado por Inmaculada de Armas Morales en 1999, disponible en PDF en la Web de la Biblioteca Pública Municipal de Puerto del Rosario.
 
Don Victoriano Machín, "Nano"
 

martes, 19 de septiembre de 2017

Fundación de la ermita de El Cotillo, 1680

A principios de la década de 1980 transcribí el documento que puede leerse a continuación. Es una memoria testamentaria de un personaje de la Historia de Fuerteventura cuyo retrato -de los mejores del siglo XVII en la isla-, estaba restaurando Lorenzo Mateo. Lo había adquirido el Cabildo Insular y Mateo realizaba estos trabajos artísticos.
Yo buscaba información para mi trabajo sobre las ermitas de Fuerteventura. Y cuando uno está enredado en los documentos de nuestro pasado, realiza una labor que muchas veces resulta ingrata, pero cuando tenemos ante nosotros la imagen del personaje que tratamos, que nos habla, el esfuerzo reconforta: Don Sebastián Trujillo Ruiz me decía que había fundado una ermita en Tostón o El Cotillo. Por eso lo comparto para disfrute de quien desee leerlo. No es una trascripción paleográfica, he regularizado buena parte del texto para hacerlo más asequible.


Memoria Testamentaria. Escribano, Alonso Vázquez de Figueroa.- Betancuria, 7 de junio de 1680.- Otorgante, Sebastián Trujillo Ruiz:

Retrato del Sargento Mayor Sebastián Trujillo Ruiz, adquirido y restaurado por el Cabildo de Fuerteventura [Foto de Lorenzo Mateo]


“Sepan cuantos esta carta vieren como yo el capitán y sargento mayor Sebastián Trujillo Ruiz, familiar del Santo Oficio de la Inquisición de estas islas, y vecino de esta isla de Fuerteventura, otorgó y conozco por esta presente carta y digo que por cuanto en el pago del Puerto de Tostón de esta dicha isla tengo una ermita para colocar en ella la imagen santísima de nuestra señora del Buen Viaje para que en ella se diga y celebre todos los días festivos del año misa y disantos del para que el culto divino sea ensalzado y los fieles y vecinos de aquel pago tengan gran consuelo para lo cual ha obtenido licencia de su señoría ilustrísima el señor obispo de estas islas con calidad que tengo de dotar la fiesta de la dicha imagen que se ha de celebrar el día veinte y uno de noviembre de este presente año a la festividad de la presentación de nuestra señora la primera y de ahí en adelante como fueren cayendo dichas festividades para siempre jamás la cual dotación he de imponer sobre bienes ciertos, seguros, valiosos y cuantiosos, para que los señores beneficiados puedan ir a celebrar dicha fiesta pagándoles por ella treinta reales en cada un año y yo lo he tenido por bien.
Por tanto en aquella vía y forma que más y mejor haya lugar de derecho por mi y mis herederos y sucesores presente y por venir y quien de mi o de ellos hubiere causa, título, voz o razón, en cualquier manera que otorgo escritura de dotación a favor de la dicha ermita y que doto la dicha festividad de nuestra señora de Buen Viaje desde hoy en adelante para siempre jamás y que daré y pagaré yo y los míos y quien me representare en el derecho de los bienes de que se hará mención de treinta reales en cada un año por el dicho día veinte y uno de noviembre de cada un año a los señores beneficiado que son y fueren adelante sucesivamente una paga en pos de otra como se fueren cumpliendo los cuales dichos treinta reales impongo y sitúo y señalo sobre mi persona y bienes especial y señaladamente sobre el cortijo de tierras, casas y atahona y aljibes del pago de  Tostón para que de sus frutos y rentas los puedan haber y cobrar los dichos señores beneficiados para siempre jamás con calidad que yo y los míos hemos de ser obligados a poner la cera que fueren decente el día de la dicha festividad la cual mandé hacer servir y llevar para sí los dichos señores beneficiados.- Y asimismo han de estar y quedar desde ahora para siempre jamás el dicho cortijo de tierras, casa, atahona y aljibes de dicho pago de Tostón sujetos, gravados e hipotecados sus frutos, renta y aprovechamiento para los reparos y menesteres, ornamentos y demás cosas necesarias y que fueren convenientes para la dicha ermita que esté con toda decencia sin que se pueda poner por mi ni los míos embarazo alguno ni decir ni alegar cosa que nos aproveche porque primero y ante todas cosas se ha de acudir a los reparos y menesteres de la dicha ermita que a otra cosa alguna para lo cual se me puede  ejecutar y a los míos en nuestras personas y bienes y especial y señaladamente en los dichos bienes ya referidos y a que así lo cumpliremos me obligo y a los míos en la más bastante forma que hay lugar en derecho y el poderío a las justicias y jueces de Su Majestad que nos lo manden guardar y cumplir como sentencia pasada en cosa juzgada; renuncio las leyes y fueros y derechos de mi favor y la general de informa en testimonio de lo cual otorgué la presente en la Villa de Santa María de Betancuria, isla de Fuerteventura en siete días del mes de junio de mil seiscientos ochenta años y el otorgante que yo el escribano doy fe conozco lo firmó de su nombre siendo presentes por testigos Salvador Francisco, Domingo Hurtado Vetancur y Lázaro de Sanabria, vecinos de esta isla.- Sebastián Trujillo Ruiz, ante mí, Alonso Vázquez de Figueroa, escribano público.
Concuerda con su original que ante mí pasó con el cual lo corregí y conserté y va cierto y verdaderos a que me remito, por verdad lo firmé y signé en Fuerteventura a tres días del mes de agosto de mil seiscientos ochenta y cuatro años.
En testimonio de verdad.- Alonso Vázquez de Figueroa, escribano público, rubricado.”



La ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, en El Cotillo o Tostón, en 1980, [Foto aportada por Paco Cerdeña]
 
 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Buques fruteros en Puerto del Rosario

El "Monte de La Esperanza", de la Naviera Aznar, comenzó su ruta quincenal uniendo Fuerteventura con Inglaterra en 1964. Su misión era el traslado de la producción tomatera que se generalizó por la isla en la primera mitad de la década de 1960.
 

"Ciudad de Alcira", de la Compañía Trasmediterránea.

El Cabildo de la isla no pasó por alto las nuevas expectativas comerciales para Fuerteventura y para Puerto del Rosario en particular. Obsequió al capitán del primer buque de la ruta tomatera con el exterior con una placa conmemorativa.

La prensa de la época recogía así la noticia de estas singladuras:

"...acudirá por primera vez a Fuerteventura para inaugurar el servicio frutero directo Fuerteventura-Inglaterra.- La exportación de tomates... fue en la pasada zafra de un millón de ceretos. Este año hay mayor cantidad de fruta como consecuencia de las mayores lluvias registradas en el pasado invierno y en el actual. De momento, el servicio de la Naviera Aznar con Fuerteventura será quincenal"

De la misma naviera, "el monte ulla" llegó en el mismo y con la misma función al Puerto de la Luz, desde donde vino el que nos ocupa.

El frutero "Monte de la Esperanza" saldría de La Luz con escala en Puerto del Rosario y destino Dublín y Liverpool. En nuestro puerto recogió la partida que Fuerteventura enviaba al mercado inglés... En esas mismas fechas la consignataria "FRUCASA" anunciaba el envío de algunos buques fruteros que despacha a cargar el tomate de nuestra isla.

Por Entonces Puerto del Rosario atisbó un cambio de signo en las exportaciones y la actividad de sus muelles. La cal daba paso, poco a poco, al cemento, y el tomate propició mejoras importantes con la construcción de tinglados de sombra.

El Matorral, cercano al actual aeropuerto de Fuerteventura, experimentó un considerable incremento de población durante las zafras tomateras: el cultivo se extendió por el tablero de la vista y desembocadura del barranco Goroy; las aguas salobres del pozo de la finca de La Marina y de la Rosa de Abajo propiciaron una importante producción; se extendió el cultivo por los tableros aledaños a lo que hoy es aerodromo internacional, y las gentes llegaban alli de toda la isla, el pueblo logró su escuela y se planteó la ermita.

Se aprovecharon viejas pistas militares para sacar la fruta de Salinas del Carmen y del barranco de La Torre, donde, ya dentro del término de Antigua, el cultivo del tomate ocupó aquel entorno.

También en Casillas, Tesjuates y Las Parcelas, se pusieron en explotación viejas zonas comunales que se cedieron temporalmente a los colonos para cultivar tomates. Se repararon pistas y caminos para sacar la producción.

Hasta entonces el tomate majorero, como tantos otros productos de la isla, salía principalmente desde Gran Tarajal principalmente a bordo de los vapores y motoveleros de la flota de Antonio Armas Curbelo que hacían el trasbordo a los fruteros atracados en el Puerto de la Luz de la capital Gran Canaria.

martes, 15 de agosto de 2017

Fuerteventura en la retaguardia: 1937

Una visita oficial a Fuerteventura en 1937
Que nuestra isla había quedado "automáticamente" en el bando de los sublevados contra la República Española, como casi toda Canarias, nos lo reflejan crónicas de viaje como la que publicó Sebastián Jiménez Sánchez en 1937.
Este autor, vinculado a la sociedad El Museo Canario, donde a la sazón desempeñaba las tareas de secretario, publicó mucho sobre la arqueología de las islas orientales y en la crónica que nos ocupa nos colocó bajo el prisma de la observación etnográfica y la lupa de la nueva realidad política que se imponía en el archipiélabo: la comitiva venía -según escribió- a redimir a Fuerteventura del secular atraso elaborando un informe del que se derivarían algunas obras hidráulicas y viarias para la isla, algunas ya iniciadas en la etapa anterior.
Y como en los tiempos finales del siglo XIX, se pasearon por nuestro terruño isleño que se les antojaba exótico y atrasado más allá de Puerto de Cabras o de Gran Tarajal; algunos miembros de la expedición buscaban los tesoros olvidados por la Historia en Fuerteventura, lamentándose, por ejemplo, de que algún templo no estuviese en Gran Canaria para ser admirados por todos (!¡).
Dejando a un lado el aspecto político del viaje oficial de las autoridades y técnicos que le acompañaban, y de la vertiente propagandística y organizativa en tiempos de Guerra Civil, de tiempos en que majoreros como Matías López Morales "morían como quienes decían ser" en La Isleta, nos centraremos en subrayar algunas de las ideas preconcebidas que se tenía acerca del patrimonio histórico majorero.
Porque de este viaje el propio Jiménez Sánchez (1904-1983), levantó acta del día a día de la expedición y lo plasmó sucintamente en la publicación "Viaje Histórico Anecdótico por las islas de Lanzarote y Fuerteventura" que vió la luz, como dijimos, en el "Segundo Año Triunfal", y del que nuestro Cabildo Insular compró, al año siguiente, varios ejemplares para repartir entre las escuelas.
Y porque la sensibilidad de este autor con nuestra isla quedó reflejada a través de sus cargos: dos años después del viaje asumiría el de Comisario Insular de Excavaciones Arqueológicas de Gran Canaria y Comisario Provincial en 1941; razones por las que repitió sus viajes a Lanzarote y Fuerteventura en las décadas posteriores, dando luz sobre el pasado aborigen.
En la expedición de 1937 -tenemos que mencionarlas- venían autoridades y técnicos de Gran Canaria para recorrer y estudiar las otras dos islas del grupo oriental para proponer opciones y proyectos de "redención" ya que a sus ojos, ambas islas estaban faltas de protección.
Además del autor, la comisión estaba integrada por las siguientes personas y autoridades:
- Presidente dela Mancomunidad Interinsular de Cabildos de Las Palmas, sr. De la Nuez.
- Presidente del Cabildo de Gran Canaria, sr. Limiñana.
- Presidente de la Junta Provincial del Paro Obrero, sr. Pérez Conesa.
- Jefe del Grupo de Puertos de Arrecife, sr. González Negrín.
- Ayudante de Obras Públicas y Jefe de la Sección de Obras del Cabildo de Gran Canaria, sr. Benítez Padila.
- Ayudante Principal de la Junta Administrativa de Obras Públicas de Las Palmas, sr. Madera Pérez.
 
Estos siete "magníficos" fueron recibidos en Gran Tarajal al amanecer del día 9 de julio, despúes de menearse una noche en el correíllo La Palma. La recepción oficial en el muelle de aquella localidad corrió a cargo del Delegado del Gobierno en Fuerteventura, Gerardo Bustos y Cobos (forense de Puerto de Cabras), del Presidente del Cabildo de Fuerteventura, Ramón Peñate Castañeyra (Comerciante y responsable del suministro eléctrico de la capital), del Alcalde de Tuineje, Juan Morales (falangista y maestro nacional), y del Alcalde de Puerto de Cabras del que no sé por qué no da su nombre, yo lo hago: Ceferino Erdozaín Elizalde (luego sustituido por el falangista Juan Medina Berriel).
Ante de iniciar su recorrido por la isla picaron algo en casa de don Esteban López y se dirigieron en guaguas a Tuineje, donde visitaron las obras de la casa consistorial y la iglesia.
Luego subieron a Pájara, donde visitaron su templo y donde el señor Benítez Padilla se hartó de hacer fotos y de tomar muestras petrológicas para El Museo Canario, al que también estaba vinculado.
Camino de la Villa se detuvieron para contemplar las obras del embalse de la Peñitas mientras Benítez y Madera recorrían la cuenca para recoger muestras.
Se asombraron de los exvotos y ¡fotografías dedicadas a la Virgen! por los favores recibidos de la patrona insular colocados en su Santuario de Vega de Río Palmas.
En Betancuria se explayó Jiménez Sánchez, lamentándose por el expolio de la iglesia de San Buenaventura y del Convento Franciscano y trayendo a colación al único que había denunciado el desatino desde su puesto en la Academia de Bellas Artes, el señor Anasagasti.
A mediodía del 9 de julio se dieron la vuelta y, sobre sus pasos, tornaron a Tuineje para, desde allí, visitar Antigua y atajar camino por Triquivijate en dirección a Puerto de Cabras, donde les aguardaba el opíparo almuerzo que les ofrecían las autoridades locales e insulares en la fonda de La Herreña.
Y con las barrigas llenas y los ánimos acuosos por los efluvios báquicos, recorrieron el Puerto de Cabras en tiempos de la Guerra Civil, silencioso y blanco, solitario y triste a aquellas horas de la tarde en que muchos de los habitantes sentían la ausencia de los movilizados en el frente.
El párroco Bruno Quintana y los falangistas Francisco Medina y Donato Cabrera hacían de cicerones en el vespertino paseo, aguardando bajar la comida para emprender el camino de La Oliva, cosa que hicieron al atardecer, con la fresca.
Y allá los recibió el alcalde olivense cuyo nombre no menciona pero que yo les digo: Marcial Viñoly Ravelo, y el secretario del ayuntamiento, junto al Jefe Local de Falange, Ildefonso Chacón Pérez; comieron en casa de la dueña de la tiendita cuyo nombre lamento no recordar, y se fueron a dormir como coroneles en la Casa de la Marquesa, adonde habían sido invitados por Cristóbal Bravo de Laguna.
Amaneciendo el día 10 de julio visitaron las obras del consistorio, ¡los aljibes! y el templo de Nuestra Señora de Candelaria acompañados por las autoridades locales antes dichas. Luego, en coche, emprendieron viaje a Tostón pasando por Lajares. Y allá, en la orilla, anotaron la conveniencia de construir un muellito dando la espalda a la torre-castillo a la que el autor niega valor alguno.
Se dieron la vuelta y, para el Puerto, pasando por la Matilla y Tetir que apenas habían visto la víspera y que entonces patearon, al menos los dos curiosos Benítez y Madera, que llegaron hasta La Herradura, tomando datos para la presa que allí se construiría.
Había llegado el día señalado para el objeto de la misión: constituir la Junta Insular Administradora de los Fondos del Paro Obreroel 10 de julio. Se verificó en el salón de la Delegación de Gobierno, que es lo mismo que decir en el del Cabildo de Fuerteventura, nombrándose presidente de dicha junta al Delegado del Gobierno, un consejero de cabildo como secretario-contador, un vocal técnico en la persona de Ruperto González Negrín y por el Jefe Insular de FET y de las JONS.
 
 
Colofón de aquella reunión constitutiva fue el almuerzo ofrecido por el Cabildo, tras el cual encomendaron al capitán del motovelero "Bartolo" que operaba en la bahía, que los recogiera al despuntar el día siguiente en Corralejo, pues ellos salieron de nuevo a pasar la segunda noche en la Casa de Los Coroneles.
Antes de regresar a La Oliva, se acercaron al Casino de Puerto de Cabras, donde el señor Benítez Padilla recibía de Francisco Medina Berriel, para El Museo Canario "unos manuscritos antiguos de cierto valor histórico, relativos a fundaciones y mandas religiosas en la iglesia de San Pedro de Alcántara de Ampuyebnta, y otros legajos referentes a particiones testamentarias de principales familias y declaraciones de cristiano viejo". Si escuchamos lo que escribió el autor, junto a las toscas y piedras que ya cargaban como muestras, se llevaron esta parte del patrimonio documental majorero y de la historia de Ampuyenta.
Aquel atardecer del día 10 de julio emprendieron la marcha hacia La Oliva, no sin antes detenerse en el recién terminado depósito de aguas junto al Camino del Time, a la salida de Puerto de Cabras, hoy conocido como La Charca.
Tras remontar la Cuesta de Perico contemplaron la explanación de un campo de aterrizaje para la aviación de 500x600 metros cuadrados, junto a la carretera; aquel que luego sería Aeropuerto de El Viso, cerca de Los Estancos.
Cenaron en la hospedería regentada por la dueña de la única tienda del pueblo, de cuyo nombre sigo sin acordarme, en La Oliva y se fueron a dormir -por segunda vez- a la mansión de los coroneles para levantarse muy temprano el 11 de julio; habían de llegar a Lajares, donde contrataron con tres camelleros la caravana de cuatro bestias que los acercaría a Corralejo.
Pronto avistaron las dos lenguas de mar que separaban las tres islas (Fuerteventura, Lobos y Lanzarote); a unos quinientos metros de Corralejo lucía fondeado el motovolero "Bartolo".
A hombros de porteadores, en la playita, subieron a las dos lanchas que los acercaron al barco en que cruzarían la Bocaina rumbo a Lanzarote.
Dos días después, el 13 de julio, a las tres de la tarde entraba en la bahía de Puerto de Cabras el correíllo "Gomera", a cuyo bordo venían los miembros de la comisión que nos había visitado con la intención de ver lo que se perdieron de Fuerteventura cuando atajaron por Triquivijate el día 9, rumbo a la capital, o sea: Casillas del Ángel y La Ampuyenta y, de allí a Gran Tarajal donde cenaron en casa del consejero de Cabildo Lucas de Saa Camejo y, a las diez de la noche embarcaron en el "Gomera" para regresar a Gran Canaria.

 


[La obra que hemos glosado se puede consultar en Memoria Digital de Canarias, de la ULPGC]